Las que se pueden considerar primeras guías de viaje (o turísticas) fueron creadas por Karl Baedeker en el siglo XIX, y ya incluían un sistema de valoración mediante estrellas. Entre sus usuarios, uno muy peculiar: el ejército nazi durante la II Guerra Mundial.
En 1942, y como represalia a los bombardeos aliados a la histórica ciudad alemana de Lübeck, los estrategas alemanes lanzaron una campaña de ataques sobre diversas cuidades inglesas. Ignorando las líneas de comunicación, las fábricas o los aeródromos, los objetivos fueron designados utilizando las populares guías de viaje Baedeker, con la intención de dinamitar la moral inglesa destruyendo atracciones y momumentos históricos en ciudades como Canterbury, York o Exeter.