Para muchos un bezoar no es más que una bola de material extraño (normalmente de pelo, hiel, piedras de calcio o fibra) que se ha acumulado en el tracto digestivo y no logra pasar a través del intestino. Un cálculo que se puede encontrar en las entrañas de muy diferentes animales como antílopes, elefantes, cabras, ciervos, etc. Aunque también pueden aparecer en estómagos humanos (principalmente en niños y pacientes con problemas psicológicos que se comen cosas como pelo, pedazos de alfombra, etc.).
Un caso clínico publicado en la prestiosa revista The New England Journal of Medicine, habla sobre una chica de 18 años, que acudió al medico tras haber perdido 20 kg y haber sufrido vómitos recurrentes. Tras hacerle una endoscopia, los médicos se han encontrado con uno de los bezoares más grandes de la literatura médica. La chica se comía sus pelos desde hace varios años.
(C&P)...el cocinero tomo el veneno, Ambroise le dio el bezoar, el cocinero se murió bien muerto y Ambroise pidió la cena que con todo este asunto le había entrado hambre. Había demostrado que los bezoares no curan todos los venenos y que era un hijo de puta sin necesidad de recurrir al trabajo de su honrada madre.
menéame