Sé que no es la mejor época para tomar helados ya que las temperaturas cada vez están más bajas, sin embargo puede ser bonito echar la vista atrás y recordar aquellos caprichos veraniegos que consumíamos en la década de los 80 y principios de los 90. Ya ha pasado tiempo desde aquella, y algunos helados clásicos han desaparecido por completo y otros más modernos han ocupado su lugar adaptándose a las nuevas tendencias. Algunos se han renovado y han conseguido aguantar el tirón.
El mítico “helado” de los pobres. Mientras que el gordo-rico de tu barrio se pillaba un Frigopie y se lo zampaba delante de tus ojos, tu, con tus 20 duros semanales, sólo podías acceder a una especie de témpano de hielo mojado en un líquido con pinta de ser radiactivo, destructor de dentaduras, lleno de colorantes y conservantes, acidulantes, estabilizadores, saborizantes y su puta madre.
Pasan los veranos y se resiste a caer de la cartelera. Debe ser el más veterano de todos y ha hecho sucumbir a grandes mitos como el frigurón, el frigopie, el colajet o el mikolápiz. Está claro, el Drácula de Frigo se ha hecho inmortal y podremos decirles a nuestros hijos que fue gracias a nosotros. Que levante la mano quién no lo haya probado nunca.