En Israel, donde el recelo, el desconocimiento y la incomunicación entre árabes y judíos es la norma, cinco escuelas apuestan por la excepción: una educación basada en la igualdad, la coexistencia y el aprendizaje mutuo. Aunque sólo afecta a una milésima parte de los pupilos del país, la escolarización conjunta de la minoría árabe -un quinto de la población- y la mayoría judía ha ganado poco a poco terreno y sobrevivido a los años más duros de la Segunda Intifada.