Lápidas urbanas. Bicis blancas que señalan una tragedia. Y, normalmente, una injusticia. Desde el 2002, gente anónima de todo el mundo coloca bicicletas fantasma en los lugares en los que un ciclista ha fallecido víctima de un brutal atropello. Verlas es como pasar por delante de un accidente; invita a pensar, aunque sea por el tiempo que dura la piel de gallina o el tránsito del rojo al verde en un semáforo.
menéame
Hay que hacer pedagogía pero no creo que sea la manera.