La mayor proliferación de estos insectos en la última década podría estar relacionada con el aumento de temperatura producido en la península por el cambio climático, ya que se acelera el ciclo vital del insecto y se producen mayor número de generaciones. El mayor riesgo reside en que se pueda convertir en portador del dengue y la fiebre amarilla, como sucedió en el sudeste asiático, si bien hasta la fecha no ha provocado transmisión de enfermedades en el área mediterránea ni en el resto de Europa.