Cuando menos en aquel tiempo reconocía sus errores. Ahora parece empeñado en defender posturas en las que quiero pensar es posible no crea ni usted mismo. Un ministro de Interior, y usted lo fue, debe tener un poso de cinismo como forma de defenderse ante el reto diario de tener sobre la mesa de sus despacho el mosaico de todas las miserias de los ciudadanos y de las cloacas del Estado. La anecdota de las 70.000 pesetas que se gastó Rajoy en un puticlub confundido por la noche lo borda.
menéame