El objetivo no es la presidencia del Real Madrid en sí. Eso es sólo el dorado instrumento, que permitirá a Florentino Pérez hacer las Américas en China. No es lo mismo presentarse en Pekín como uno más de las decenas de miles de empresarios occidentales obsesionados por hacer negocio, que presentarse con el marchamo del mejor club de fútbol del mundo estampado en la frente, como relatamos en este reportaje de investigación.
Si no hubiera habido recalificaciónes de terrenos de la ciudad deportiva, gracias a favores políticos ya veríamos si el madrilismo le echara tanto de menos como parece ser.
La que se montó en la famosa asamblea de compromisarios con los infiltrados armando jaleo y mirando a la cámara del Marca es al menos... mosqueante.
Ya andan por ahí sus discípulos anunciando la llegada como si de un nuevo Mesías fuese.
En fin... más de lo mismo, esto no es deporte.