Sería peligroso que los países democráticos nos impusieran qué leer y qué no leer, qué hacer en nuestro tiempo libre, qué pensar o qué no pensar: nos convertirían en los modernos Estados ruso e iraní: en estos países los ciudadanos cuenta por su voto, pero se les prohíbe pensar: entienden que pensar es malo para la salud.
Hace dos meses -sin exagerar- 8 de cada diez libros que se veían en el metro eran de Larsson. Una vez pasado el boom de estos libros, volvemos a leer los cuatro gatos de siempre. Da miedito pensar que casualmente a todos nos gusta leer lo mismo y en el mismo momento.
Somos incultos, pero de hecho existe un culto a la incultura: hay personas capaces de andar por la calle con la cabeza alta reconociendo que no han leído un libro desde que salieron del instituto.
¿Que es peor, la quema de libros o leer exclusivamente lo que te obliguen? Creo es es practicamente lo mismo.
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