La Comisión Europea propone que todos los médicos puedan acceder a los datos de un paciente extranjero en su propia lengua y que éste pueda decidir en qué país es atendido. La iniciativa reúne a Alemania, Austria, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Italia, Holanda, la República Checa, el Reino Unido, Eslovaquia y Suecia.
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