Para ello, surge la imagen sin vida de una chica de labios caídos, palidecida y de angelical rostro congelado que es el fiel reflejo de esa robotizada, deprimente y despreciable "atención al cliente" a la que habitualmente nos vienen sometiendo y malacostumbrando empresas de hosting y demás.
Yo creo recordarles haberme contestado una petición de soporte en menos de media hora un sábado a las once de la noche (yo no esperaba respuesta hasta el lunes).