Todo empezo por casualidad. Necesitaba un jardín interior en su favela. Por eso construyó unos soportes de alambre para sujetar los troncos de las plantas, las actuales columnas. Desde entonces, cada día, Estevam continúa con su obra maestra. Colocando azulejos en las paredes, cuadros, Objetos de metal... Lo más inaudito es que hasta hace cinco años este inmigrante del paupérrimo interior de Bahía no había nunca oído hablar de Antoni Gaudí.