Le sucedió a Kevin Granato, un peligroso miembro del crimen organizado en ese estado que mientras cumplía su condena, y en ocasión de una visita de sus familiares, los oficiales escucharon que llamaba “hijo” a un niño que había ido a visitarle con su esposa. Lo curioso es que Granato hacía más de 10 años que estaba en prisión y el niño apenas alcanzaba los 5. Investigado el caso, los guardiacárceles descubrieron que Granato había logrado proveer a su esposa de su semen para que ésta se inseminara artificialmente en una clínica de la ciudad.