Todos sabemos de las bondades de la lectura. Cualquier político, famoso, presentador, modelo,… que se precie, al responder sobre sus aficiones, siempre recurre a la lectura como acto sublime de dedicación cultural, por encima de ver la tele, participar en saraos y tertulias o cualquier otra forma de vender cuerpo y alma en pública subasta. Pero, quienes trabajamos a diario con los libros y la lectura sabemos lo difícil que es formar lectores, las horas que conlleva convertir a un adolescente con sobredosis hormonal en un cauto y motivado lector