Encerrados detrás de una barrera de cercas, policías y soldados, los 8 jefes de Estado y de Gobierno de los países más poderosos económica y militarmente (que no representan ni el 12% de la población mundial), pretenden en la Cumbre de Rostock tomar decisiones sobre políticas globales vinculadas con el desarrollo, el medio ambiente, la guerra o la paz. Nadie les ha elegido para ello y su única legitimidad se basa en la fuerza de sus armas y su economía.
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