En 1908, la editorial neoyorquina MacMillan publicaba Mars as the abode of life , un ensayo de casi 300 páginas en el que Lowell legaba a la posteridad la antología definitiva de su gran aportación a la ciencia: el descubrimiento de una compleja red de canales artificiales en Marte, construidos por una civilización inteligente como último intento desesperado por sobrevivir en un planeta que agonizaba por deshidratación: “Que Marte está habitado es tan cierto como incierto es qué clase de habitantes pueden ser”, escribió.
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