Si la estrategia de Microsoft al decir que el código abierto viola 235 de sus patentes era un movimiento de intimidación para conseguir llegar a acuerdos con diferentes distribuidoras de Linux, desde luego la jugada les ha salido bien. Tras los acuerdos con Novell y con Xandros, el último en sumarse al grupo ha sido Linspire, con el que ha firmado un pacto para compartir tecnologías y para proteger a los usuarios de Linspire en caso de problemas de propiedad intelectual en la distribución.
Es patético ver que Microsoft haya acabado como recaudando 'tasas de protección' y que cuatro merluzos les sigan la corriente.