[c&p] Al principio se escuchaban gritos desesperados. Después, más débiles, peticiones aisladas de ayuda. Ahora, en mitad del silencio, el sonido de móviles a los que nadie responde. La vida se apaga bajo los escombros del terremoto que el lunes arrasó la provincia china de Sichuan. "Oímos sus teléfonos cuando les llaman, pero no podemos llegar a ellos. Están muertos", decía un rescatador
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