Ignaz Semmelweis, estudiante húngaro de medicina, observó que casi una de cada tres madres moría al dar a luz. En 1857 escribió sus conclusiones, que no fueron publicadas hasta 1861, y solicitó un permiso en el hospital para que, simplemente, se instalaran unos lavabos y todos los profesionales que atendieran a las parturientas se lavaran antes las manos con agua y jabón o en una solución con agua de cloro y desinfectante. Algo tan sencillo evitaría la muerte de muchas madres. Pero su descubrimiento chocó con los prejuicios de la sociedad.
En pleno siglo XXI párate un rato en cualquier baño público y verás cuánta gente no se las lava al salir.
Aplica después los mismos porcentajes a la gente que te rodea.
Por si no os habeis fijado, muchas de las puertas en los hospitales grandes, son puertas batientes que se pueden empujar y que no hace falta que tengan pomos :-)
Cada época tiene a sus extremistas anclados en las costumbres de turno.
:)
#14 Sin duda, salvó millones de vidas.
George Bernard Shaw
Saludos