Antes de lo que podríamos pensar, en apenas un año, veremos en nuestras carreteras un automóvil que funciona con aire comprimido y evita las emisiones contaminantes. Si va en serio, y las zancadillas de la industria automovilista actual lo permiten, algo así revolucionará el mercado. Va a costar mucho menos de 1 millón de las antiguas pesetas.