Durante el asalto talibán al poder, algunos trabajadores de la filmoteca de Kabul protagonizaron una de esas historias de resistencia heroica. En el otoño de 1996, los talibán ordenaron quemar todo el archivo de la Filmoteca Nacional y amenazaron de muerte a sus trabajadores. Once de ellos entregaron a los talibán una buena colección de películas extranjeras y alguna que otra copia de cintas nacionales pero el resto del material fue escondido bajo paredes y techos falsos que los propios trabajadores construyeron.
Bien por ellos.
Un artículo mucho mas extenso que no llegó a portada.
Malditos cabrones.
A por ellos.
Esto es ser hacker de la cultura.
El celuloide a menos temperatura, pero a buen entendedor, pocas palabras bastan.
Por eso nunca hay que bajar la guardia y dar la democracia y el bienestar tanto social como económico por hecho.
Me refiero a los afganos que se jugaron la vida para salvaguardar todo el material, ideando formas para que todo pasase desapercibido, intentando hacer un simil hacker -> experto.
El hacker (como experto) esconde sus verdaderas intenciones delante de las narices de todos, ellos hicieron lo mismo.
¿Que sentido tendria decirmelo a mi mismo?