El Ayuntamiento de Madrid tiene a bien gastarse parte del dinero público en una campaña contra la prostitución dirigida a quienes usan sus servicios. Se recalca que el dinero de los clientes fomenta la explotación y la trata de blancas. La campaña oculta que la principal causa de la prostitución no consentida es la intervención pública, concretamente la prohibición de la inmigración y de las drogas. En estas circunstancias el proxeneta sustituye al cónsul y el chulo al empresario legal.
menéame
Me ha recordado un magnífico texto que leí en "Rebelion", desmitificando lo de la legalización de la prostitución.
(Por cierto, si legalizan la prostitución, que legalicen los sicarios. Total, sólo es un trabajo más ¿no?)
El texto (copiado integro, 3 parrafillos y medio):
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Mitos sobre la prostitución
Rafael Pla López
Rebelión
Alrededor de la prostitución, un conjunto de mitos falsean su realidad y dificultan una aproximación racional a la misma:
Libertinaje: la prostitución es lo contrario a una conducta sexual li... » ver todo el comentario
Estás comparando un acto licito como es una relación sexual consentida con animo de lucro, con un acto ilicito como es el homicidio de los sicarios.
Ya puestos a tergiversar, mi trabajo diario también es lo contrario a una conducta libre, en cuanto que en vez de motivarse en la busqueda de placer, está forzado por un condicionamiento economico (una bonita hipoteca que me asfixia).
Esclavitud: aunque en el marco de la prostitución pueden darse situaciones similares a la _... » ver todo el comentario
Sexo por dinero es mejor que sexo por compasión que siempre será mejor que la exclusión total de la experiencia sexual.
No hay que pensar sólo en el putero-españolito-chulito-machista-casado, no cuesta tanto imaginarse otras situaciones (¿es necesario describirlas?)
En el fondo parten del mismo error que los obispos y los conservadores: la creencia en un sistema de valores universal, donde están definidos el bien y el mal, y por el cual nos debemos ceñir.
Esa concepción es erronea, no existe tal sistema universal, ya que los valores son un producto del hombre, y como tales son totalmente subjetivos, variables y discutibles.
Ante esta situación lo mejor es la libertad: que cada uno actue libremente conforme a su voluntad, creencias etc... y no que venga el obispo o el totalitario de turno a decirte lo que está bien y lo que está mal, y por ende a prohibirte e imponerte comportamientos.