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	<title>Fragmentos: #Woke</title>
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	<description>Sitio colaborativo de publicación y comunicación entre blogs</description>
	<pubDate>Sat, 05 Jul 2025 17:20:21 +0000</pubDate>
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		<title>Deconstrucción posmoderna de Adriano Erriguel (de esa que odiáis, pero la voy a hacer)</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Jul 2025 17:20:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mayonesa_Cigarro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p><p>Hoy a mi pesar me encuentro en el tema de querer desmontar mitos. Mitos sobre el <em>posmodernismo</em> y su supuesto <em>anti-intelectualismo</em> y <em>anti-cientifismo</em>. Y bueno... a mi pesar vamos a analizar <strong>deconstructivamente </strong>el art&iacute;culo que @feindesland ha publicado de un tal Adriano Erriguel. El art&iacute;culo en concreto est&aacute; <a href="https://www.meneame.net/m/Fragmentos/el-fiasco-posmoderno">aqu&iacute;</a> aunque lo ir&eacute; citando p&aacute;rrafo por p&aacute;rrafo. Y todos mis respetos tanto a Adriano como a @feindesland. Pero bueno... &iexcl;Vamos all&aacute;!</p><blockquote>Es bien sabido que, desde un punto de vista filos&oacute;fico, la posmodernidad irrumpi&oacute; como la muerte de los llamados &ldquo;grandes relatos&rdquo;: las construcciones ideol&oacute;gicas que suministraban explicaciones omnicomprensivas de la realidad: las religiones, el patriotismo, el marxismo, el progresismo, etc. Todas estas construcciones ideol&oacute;gicas eran, huelga decirlo, mortalmente serias&nbsp;</blockquote><p>Desde el inicio, el texto incurre en una generalizaci&oacute;n abusiva y enga&ntilde;osa: afirma que &ldquo;<em>es bien sabido que la posmodernidad trajo consigo la implosi&oacute;n de la Verdad</em>&rdquo;, como si de una ley aceptada universalmente se tratase. Esa f&oacute;rmula &ndash;<em>&ldquo;es bien sabido&rdquo;</em>&ndash; no es inocente: <strong>act&uacute;a como dispositivo de autoridad</strong>, como si la afirmaci&oacute;n no necesitara ser argumentada porque pertenece ya al sentido com&uacute;n. Pero lo que sigue es todo menos incuestionable.</p><p>La afirmaci&oacute;n de que la posmodernidad elimin&oacute; la verdad <strong>es una distorsi&oacute;n forzada del pensamiento posmoderno</strong>. La cr&iacute;tica que autores como <em>Lyotard, Foucault o Derrida</em> realizaron no se dirig&iacute;a contra las verdades verificables mediante el m&eacute;todo cient&iacute;fico, sino contra los &ldquo;grandes relatos&rdquo; legitimadores: es decir, las ideolog&iacute;as totalizantes que pretend&iacute;an ofrecer un sentido<strong> universal</strong> y<strong> definitivo de la historia, </strong>del progreso, de la moral o de la identidad. Cuestionar el colonialismo, el patriarcado o el cientificismo como formas de poder no es negar que el agua hierva a 100&#8239;&deg;C a una atm&oacute;sfera de presi&oacute;n.</p><p>&#128073; En ning&uacute;n momento estos pensadores sostuvieron que las ciencias formales como las matem&aacute;ticas, o las ciencias naturales como la f&iacute;sica, fueran "relatos" intercambiables con la astrolog&iacute;a o la religi&oacute;n. De hecho, la matem&aacute;tica sigue funcionando con l&oacute;gica deductiva y principio del tercero excluido, y la f&iacute;sica mantiene su estructura falsable basada en modelos predictivos y estad&iacute;stica emp&iacute;rica. <strong>Eso no cambi&oacute;, ni se implosion&oacute;</strong>.</p><p>Confundir ese tipo de conocimiento con &ldquo;narrativas&rdquo; al estilo mitol&oacute;gico o ideol&oacute;gico <strong>es caer en un relativismo que los propios posmodernos habr&iacute;an criticado si se les hubiera atribuido con justicia</strong>. Adem&aacute;s, esta confusi&oacute;n mina cualquier posibilidad de an&aacute;lisis serio, porque <strong>equipara la estructura epistemol&oacute;gica de la ciencia con las estructuras de poder simb&oacute;lico que la posmodernidad busc&oacute; desmantelar</strong>.</p><p>En resumen: el texto se presenta como &ldquo;anal&iacute;tico&rdquo; pero incurre, ya de entrada, en un abuso de autoridad discursiva, en una falsa atribuci&oacute;n (la posmodernidad niega la verdad), y en una comparaci&oacute;n tramposa entre niveles de realidad radicalmente distintos. Y eso <em>no es "bien sabido"</em>. Eso es desinformaci&oacute;n.</p><blockquote>A partir de los a&ntilde;os setenta del pasado siglo la posmodernidad introdujo un elemento de juego, de aleatoriedad y de cinismo en un mundo en el que la Verdad hab&iacute;a implotado, y en el que los metarrelatos daban paso a una mir&iacute;ada de microrrelatos, todos ellos tan v&aacute;lidos como irrelevantes. Conviene tener presente que la posmodernidad filos&oacute;fica se define, ante todo y por encima de todo, por los juegos de lenguaje . Desde sus presupuestos casi todo se reconduce a una cuesti&oacute;n de semi&oacute;tica , al libre juego entre el significante y el significado , a la desacralizaci&oacute;n del lenguaje, que se ve expuesto como envoltura ret&oacute;rica con infinitos niveles de lectura. Nada hay, por tanto, que pueda salvarse de la quema: todo es susceptible de ser deconstruido en inacabables juegos ling&uuml;&iacute;sticos con un horizonte de autonom&iacute;a absoluta desde el momento en que ninguno de ellos remite a una realidad trascendente .</blockquote><p>Claaaaro, el problema es que el posmodernismo juega con el lenguaje. <strong>&iexcl;Qu&eacute; travesura!</strong> Como si antes del posmodernismo todo el mundo hubiera usado el lenguaje con bistur&iacute; quir&uacute;rgico y respeto sagrado. Pobrecito el significante, desamparado, sin su significado, vagando por los m&aacute;rgenes de la historia mientras <em>Derrida</em> se r&iacute;e con voz de villano.</p><p>Y por supuesto, la... <em>&iexcl;chan chan ch&aacute;aaaan!</em> semi&oacute;tica... esa cosa malvada que vino a decirnos que el lenguaje es una herramienta y no una paloma blanca enviada por los dioses. &iexcl;Esc&aacute;ndalo! &iquest;C&oacute;mo se atreven a decir que antes de contar vacas necesitamos comunicarnos para que no nos maten mientras las contamos? Pero bueno&hellip; sigamos culpando al posmodernismo de todo: del caos, del lenguaje, de la alergia primaveral y de que se nos quemen las tostadas. Porque s&iacute;, el lenguaje es una herramienta, y adem&aacute;s una de las m&aacute;s antiguas, vers&aacute;tiles y democr&aacute;ticas que tenemos. No hay nada que &ldquo;desacralizar&rdquo; porque nunca fue sagrado: fue <strong>&uacute;til</strong>. Antes de contar ovejas ya nos comunic&aacute;bamos y hasta hay gente que dice que para tener una propiedad p&uacute;blica y com&uacute;n que arrastr&aacute;bamos en caravanas, cuando las riquezas y lo <strong>no prescindible</strong> pesaban <strong>demasiado</strong>.</p><p>El lenguaje sirve para sobrevivir, para coordinar, para amar, para enga&ntilde;ar, para imaginar&hellip; &iquest;y ahora resulta que jugar con &eacute;l es algo peligroso o radical? No, lo peligroso ser&iacute;a no poder jugar con &eacute;l.</p><p>&#128073; Que haya quien use el lenguaje para provocar, crear, subvertir o simplemente decir estupideces&hellip; pues claro. Para eso sirve. Como cualquier herramienta: depende de qui&eacute;n la use y para qu&eacute;. &iquest;O acaso el martillo es malo porque alguien lo us&oacute; para romper una ventana?&nbsp;</p><blockquote>Toda esta cocci&oacute;n deconstruccionista &ndash;cuyas cabezas pensantes ser&iacute;an conocidas en Am&eacute;rica como la &ldquo;french theory&rdquo;&ndash; pasar&iacute;a a proporcionar, en los a&ntilde;os setenta, cierta credencial te&oacute;rica al vendaval de gamberradas y de provocaciones que pas&oacute; a alojarse bajo el nombre de contracultura . Tomando el relevo de los situacionistas de los a&ntilde;os 1950 y 60 (que estaban todav&iacute;a lastrados de utopismo marxista) los &ldquo;j&oacute;venes airados&rdquo; de la posmodernidad se alzaban sobre la quiebra del sistema valorativo burgu&eacute;s, al tiempo que cabalgaban las angustias e incertidumbres de la nueva sociedad posindustrial. En cierto modo estos j&oacute;venes representaban la inversi&oacute;n nihilista y sarc&aacute;stica del activismo progresista de 1968</blockquote><blockquote>Con la llegada de la posmodernidad, los dogmatismos ideol&oacute;gicos ced&iacute;an el paso a una &eacute;poca en la que los punk se adornaban con esv&aacute;sticas (corte de mangas al establishment de la Segunda Guerra Mundial), en la que las bandas de rock ten&iacute;an nombres fascistas o anarquistas &ndash;Joy Division , New Order , Durruti Column &ndash;, en la que el &ldquo;sex pistol&rdquo; Sid Vicious disparaba sobre el p&uacute;blico en un concierto y en la que el rockero Alice Cooper anunciaba que iba a colgar a un enano en el escenario. Provocaciones que hoy ser&iacute;an imposibles, pero que entonces a nadie se le ocurr&iacute;a tomar demasiado en serio. Al fin y al cabo, todo era una gigantesca broma &ndash;los punk eran compulsivos bromistas (pranksters )&ndash;, una distorsi&oacute;n ir&oacute;nica entre significantes y significados. Siguiendo la semi&oacute;tica posmoderna todo parec&iacute;a indicar que, al negarse la univocidad y la objetividad del lenguaje, al reivindicarse su inagotable polisemia, se llegar&iacute;a a un estadio de libertad absoluta en que ser&iacute;a posible decirlo todo, cualquier cosa, anything goes . Y sin embargo &hellip;</blockquote><p>Eeeem... aqu&iacute; se est&aacute;n mezclando churras con merinas. A ver:</p><p>La contracultura de los 60 y 70 <strong>NO</strong> fue un producto directo del posmodernismo filos&oacute;fico. M&aacute;s bien, fue un movimiento social y cultural popular que emergi&oacute; de la protesta contra la guerra de Vietnam, la injusticia racial, el consumismo, y la rigidez moral de la posguerra. El posmodernismo filos&oacute;fico, en cambio, fue un desarrollo mucho m&aacute;s acad&eacute;mico, elitista y te&oacute;rico, que en esos a&ntilde;os florec&iacute;a en universidades europeas mayormente (e incluso algunas estadounidenses) con pensadores como Foucault, Derrida, Lyotard, que trabajaban sobre an&aacute;lisis del lenguaje, el poder y las estructuras culturales, pero sin un impacto masivo inmediato en la calle. El posmodernismo es, sobre todo, occidental. Tal y como puedan serlo tambi&eacute;n el marxismo y por desgracia el fascismo y la frenolog&iacute;a.</p><p>S&iacute;, hubo cierta coincidencia temporal y alguna influencia mutua, pero no es correcto ni serio decir que la contracultura fue la <strong><em>&ldquo;manifestaci&oacute;n popular del posmodernismo&rdquo;</em></strong> o que el movimiento <strong>punk </strong>o las provocaciones eran esencialmente posmodernas. M&aacute;s bien, fueron respuestas <strong>rebeldes</strong>, con un car&aacute;cter pol&iacute;tico claro y ancladas en realidades concretas, como la resistencia contra la guerra y la autoridad, no en<em> juegos semi&oacute;ticos o deconstructivos</em>. El posmodernismo lleg&oacute; despu&eacute;s para teorizar, analizar y criticar la modernidad desde la <strong>academia</strong>, mientras que la contracultura fue m&aacute;s bien la explosi&oacute;n social y cultural que expresaba el malestar de la &eacute;poca.</p><p>Por cierto: lo que tambi&eacute;n destila el &uacute;ltimo p&aacute;rrafo &iquest;no es un poco peligroso? Lo que se est&aacute; insinuando aqu&iacute; es, en realidad, bastante <strong>serio</strong>: que no hay ning&uacute;n terreno firme desde el cual discutir o poner a prueba las afirmaciones. Pero todo puede (y debe) ser puesto en cuesti&oacute;n: ya sea mediante el <strong>m&eacute;todo cient&iacute;fico</strong> &mdash;que, por cierto, no es rechazado por el pensamiento posmoderno, aunque s&iacute; cuestionado en su pretendida objetividad y en su papel como &uacute;nico garante de verdad&mdash; o a trav&eacute;s de la argumentaci&oacute;n racional, basada en el lenguaje, que tambi&eacute;n tiene sus reglas.</p><p>&#128073;&iquest;No es eso, al fin y al cabo, lo que algunos llaman el &ldquo;mercado libre de ideas&rdquo;? La posibilidad de debatir, de contrastar perspectivas, de criticar incluso <strong>los</strong> <strong>marcos </strong>desde los que criticamos. <strong><em>Ese</em></strong><em> </em>es el verdadero escepticismo, el que nos ha hecho desechar cient&iacute;ficamente tanto cuentos de hadas como la astrolog&iacute;a, mala ciencia sovi&eacute;tica como la que se opuso a <em>Nikol&aacute;i Vav&iacute;lov </em>o puro racismo hecho ciencia como la frenolog&iacute;a.</p><blockquote>Sin embargo, sucedi&oacute; justamente lo contrario. Al cabo de dos d&eacute;cadas un nuevo puritanismo &ndash;la correcci&oacute;n pol&iacute;tica&ndash; desencaden&oacute; una purga inquisitorial sobre el vocabulario; listas enteras de palabras quedaron proscritas, malditas, para ser sustituidas por una una orwelliana &ldquo;Nuevalengua&rdquo; destinada a blindar los dogmas del sistema. La risa pas&oacute; a contemplarse con desconfianza, en cuanto casi siempre es irrespetuosa, suele ser cruel y es adem&aacute;s susceptible de ofender a alguna minor&iacute;a. Por eso la risa pas&oacute; a enlatarse en las f&oacute;rmulas previsibles y pasteurizadas de los gui&ntilde;oles televisivos y del &ldquo;entretenimiento informativo&rdquo; (infotainment ). Las sofisticaciones posmodernas cedieron al paso a un furor moralista y justiciero que todo lo invad&iacute;a y que no toleraba ambig&uuml;edades. La empresa positiva de unificaci&oacute;n ben&eacute;fica de la humanidad no tolera bromas fuera del gui&oacute;n: autocensura y vigilancia, todos somos pecadores.</blockquote><p>Aqu&iacute; todo bien, &iquest;no? Hablando de <em>&ldquo;purga inquisitorial&rdquo;</em> y de una <em>&ldquo;Nuevalengua orwelliana&rdquo;</em> como si la correcci&oacute;n pol&iacute;tica fuera un mal absoluto que impone censura masiva. Pero hay que distinguir bien las cosas. La censura aut&eacute;ntica, como la hist&oacute;rica <strong>lista Haines</strong> en la televisi&oacute;n norteamericana, s&iacute; existi&oacute;: prohib&iacute;an palabras y contenidos para no ofender al <em>&ldquo;p&uacute;blico general&rdquo;</em> seg&uacute;n criterios muy conservadores y muchas veces <strong>arbitrarios</strong>. Eso era censura, punto. Pero lo que hoy llamamos correcci&oacute;n pol&iacute;tica, en realidad, no es <em>censura </em>sino la <strong>negativa a tolerar discursos de odio y discriminaci&oacute;n</strong>. No se trata de silenciar <strong>opiniones </strong>o <strong>pensamientos cr&iacute;ticos</strong>, sino de no darle espacio social a la <strong>intolerancia </strong>y la <strong>violencia simb&oacute;lica</strong>. No es <em>cerrar bocas</em>, sino establecer l&iacute;mites para que la convivencia sea posible.&nbsp;</p><p>Ser intolerantes con la intolerancia no es<strong> censura</strong>; es una cuesti&oacute;n de <strong>justicia social </strong>y <strong>respeto b&aacute;sico</strong> a la dignidad de personas y grupos LQTBiQa+ y otras minor&iacute;as. El lenguaje del odio no debe tener cabida en una sociedad que se dice democr&aacute;tica. As&iacute; que hablar de <em>&ldquo;purga&rdquo;</em> y <em>&ldquo;Nuevalengua&rdquo;</em> es confundir intencionadamente la leg&iacute;tima lucha contra la discriminaci&oacute;n con un supuesto totalitarismo ling&uuml;&iacute;stico.&nbsp;</p><p>&iquest;C&oacute;mo va a ser la risa &ldquo;pasteurizada&rdquo; y vigilada la que llaman woke o posmoderna? &iquest;Acaso no hemos visto suficientes sitcoms estadounidenses? Esa es una cr&iacute;tica demasiado simplista y un poco desconectada de la realidad hist&oacute;rica del humor en la televisi&oacute;n. Ese humor &ldquo;neutro&rdquo; del que hablan no es woke ni mucho menos progresista; m&aacute;s bien era el humor conservador, encorsetado en normas de la &eacute;poca, que apuntaba a mantener el orden social tradicional. Se reg&iacute;a por un sentido &ldquo;familiar&rdquo; que, lejos de ser inocente, actuaba como un filtro para evitar cuestionamientos profundos y para mantener en su sitio a &ldquo;los sospechosos habituales&rdquo;: minor&iacute;as, disidentes, grupos marginados.</p><p>Este humor edulcorado no es producto de la correcci&oacute;n pol&iacute;tica moderna, sino un reflejo del control social previo, que limitaba la libertad de expresi&oacute;n a la comodidad del statu quo y la complacencia con estructuras opresivas. Lejos de promover un debate real o una cr&iacute;tica social, ese tipo de humor funcionaba para domesticar, para evitar que la gente se cuestionara lo esencial.</p><p>Por eso, atribuir este tipo de humor a un furor moralista y justiciero posmoderno es confundirse y olvidar que ese control del humor ya ven&iacute;a de mucho antes, desde una cultura televisiva bastante conservadora y r&iacute;gida, nada que ver con la cr&iacute;tica progresista que intenta abrir espacios de diversidad y respeto.</p><blockquote>&iquest;Eso era, a fin de cuentas, la posmodernidad? Si en sus inicios &eacute;sta se presentaba como un horizonte de posibilidades infinitas, desde el punto de vista de las libertades concretas &ndash;libertad de pensar, libertad de disentir, libertad de crear, libertad de provocar&ndash; el experimento desemboc&oacute; en todo lo contrario: en el Imperio del Bien (Philippe Muray) con sus devotos, sus capillas y sus &ldquo;ligas de la Virtud&rdquo;. Un monumental fiasco. Cabe por tanto preguntarse si la posmodernidad &ndash;que al fin y al cabo anunciaba el fin de los &ldquo;grandes relatos&rdquo;&ndash; no fue adulterada o traicionada, hasta ser reconducida hacia un nuevo/viejo &ldquo;gran relato&rdquo; progresista, biempensante y mundialista, nada c&iacute;nico y mortalmente serio.</blockquote><p>Vamos a dejar las tonter&iacute;as de comparar el progresismo con una religi&oacute;n, &iexcl;que ya <strong>cansa!</strong> Es la misma ret&oacute;rica vieja que usan los m&aacute;s retr&oacute;gradas, esos mismos que se autodenominan &ldquo;<em>Alt-right</em> en EEUU&rdquo; y que se quejan de las &ldquo;capillitas&rdquo; progresistas como si el activismo por la justicia social fuera una secta. Lo que pasa es que no quieren perder <strong>privilegios </strong>ni que se cuestione su poder. Lo de<em> &ldquo;lo bienpensante&rdquo;</em> se usa como insulto para desacreditar cualquier postura que defienda la inclusi&oacute;n, como si eso fuera algo negativo. Pero pregunto yo: &iquest;no es mucho mejor tener una <strong>cultura</strong> que lucha contra el odio, que protege a las minor&iacute;as y que pone l&iacute;mites claros al discurso de la <strong>intolerancia</strong>? &iquest;Desde cu&aacute;ndo defender la <em>empat&iacute;a, la diversidad y el respeto</em> se volvi&oacute; algo malo? &iquest;Y desde cu&aacute;ndo eso fue posmoderno, que no es m&aacute;s que una rama de la filosof&iacute;a que se ocupa del conocimiento e indirectamente del problema de la <em>demarcaci&oacute;n</em>? &iquest;Tambi&eacute;n nos damos cuenta que la mayor parte de lo que en derecha se llaman "<em>pol&iacute;ticas identitarias</em>" no tienen ninguna cabida en el <em>posmodernismo </em>m&aacute;s cl&aacute;sico igual que no lo tienen Marx y otras identidades como las nacionales?</p><p>Lo que el texto llama un <em>&ldquo;fiasco&rdquo;</em> es en realidad una batalla constante por expandir libertades reales, no una traici&oacute;n ni una vuelta a ning&uacute;n &ldquo;gran relato&rdquo; dogm&aacute;tico (sobre todo si es <em>posmodernismo</em>) sino la lucha por una sociedad m&aacute;s justa, plural y humana.</p><p>Como final: Y por si queda alguna duda: el <strong>posmodernismo</strong> y el <strong>escepticismo cient&iacute;fico</strong> no son enemigos. De hecho, comparten algo esencial: <strong>la desconfianza ante los relatos &uacute;nicos, cerrados, que pretenden explicarlo todo</strong>.</p><p>&#128073; El escepticismo cient&iacute;fico parte de la duda. No da nada por sentado, somete las ideas a revisi&oacute;n constante, y asume que el conocimiento siempre es provisional.</p><p>El posmodernismo, por su parte, invita a poner en cuesti&oacute;n los discursos dominantes. No para negar la realidad, sino para entender <strong>qui&eacute;n habla</strong>, <strong>desde d&oacute;nde</strong>, y <strong>a qui&eacute;n beneficia esa "verdad"</strong>.</p><p>Ambas posturas comparten una actitud cr&iacute;tica: <strong>la resistencia a aceptar verdades absolutas sin examen</strong>, ya sean cient&iacute;ficas, pol&iacute;ticas o culturales.</p><p>No se trata de relativismo sin br&uacute;jula, sino de <strong>una conciencia m&aacute;s profunda de los l&iacute;mites del saber</strong>. De que incluso nuestras certezas est&aacute;n enmarcadas en contextos, intereses y perspectivas.</p><p>En el fondo, no hay tanto abismo entre ambos enfoques. Solo distintas maneras de hacerse una misma pregunta:</p><p><strong><em>&iquest;c&oacute;mo es que sabemos lo que creemos saber?</em></strong></p><p>Y sin m&aacute;s aqu&iacute; ten&eacute;is mi problem&aacute;tica y deconstrucci&oacute;n al <em>articulete</em> de marras. Un abrazo a todas, todos y todes.</p><p>Edit: en art&iacute;culos no s&eacute; c&oacute;mo poner etiquetas, voy a ponerlas como hargstags...</p><p><a href="/m/Fragmentos/search?w=links&amp;q=%23Posmodernismo&amp;o=date">#Posmodernismo</a> <a href="/m/Fragmentos/search?w=links&amp;q=%23Cr&amp;o=date">#Cr</a>&iacute;tica <a href="/m/Fragmentos/search?w=links&amp;q=%23Conocimiento&amp;o=date">#Conocimiento</a> <a href="/m/Fragmentos/search?w=links&amp;q=%23Problematizaci&amp;o=date">#Problematizaci</a>&oacute;n <a href="/m/Fragmentos/search?w=links&amp;q=%23Woke&amp;o=date">#Woke</a> <a href="/m/Fragmentos/search?w=links&amp;q=%23Progresdemierda&amp;o=date">#Progresdemierda</a> <a href="/m/Fragmentos/search?w=links&amp;q=%23regres&amp;o=date">#regres</a></p></p><p><strong>etiquetas</strong>: artículo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="http://www.meneame.net/m/Fragmentos/go?id=4074751" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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