Prefiero esperarme unas horas, días o unas semanas, pero conocer la verdad, para exigir después responsabilidades, no solo penales sino políticas, a las mentiras, por ejemplo, que llevaron al gobierno de Aznar y Trillo a reírse de las víctimas y hasta del propio ejército español en aquella macabra gestión del accidente del Yak-42. ¿Saben cual fue el castigo del partido popular a Federico Trillo por aquel vergonzoso episodio? Nombrarlo embajador en Reino Unido.