Durante décadas, el desierto de Taklamakan fue conocido como el “mar de la muerte”. Para frenar su avance, China impulsó en 1978 la Gran Muralla Verde. Un estudio en PNAS revela que la reforestación ha creado un sumidero de carbono: las zonas verdes registran hasta 2 ppm menos de CO₂. Con plantas "halófitas" resistentes al riego salino, el país completó en 2024 un cinturón de 3.046 km que estabiliza dunas y redujo las tormentas de arena de 150 al año a menos de 50.