¿Qué ocurre cuando dos dictaduras (Checoslovaquia y la URSS) se ponen de acuerdo y trazan su frontera común en mitad de la calle donde vives? Pues que durante los siguientes sesenta años tendrás que pedir un visado y viajar doscientos kilómetros para cruzar la calle. Esa es la historia de Vel'ké Slemence; un pueblo partido en dos por una frontera artificial y gratuíta, actualmente entre Eslovaquia y Ucrania, cuyos habitantes han cambiado cinco veces de nacionalidad a lo largo del siglo XX.
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