Desde que, en 1992, la novela gráfica “Maus” fuese galardonada con el Premio Pulizter, es un lugar común defender la seriedad de los tebeos, como si el galardón concedido a Art Spiegelmal por su recreación del Holocausto judío le hubiese terminado de conferir al llamado Noveno Arte su auténtica carta de naturaleza como disciplina artística adulta y apta para mayores.
Hasta hace nada, pensaba que no me gustaba el comic. Laí Maus y me percaté de que lo que no me gusta son los superhéroes. El comic es un formato MAYOR de contar historias.
Vals con Bashir y Persépolis, por ejemplo, son pelis/tebeos que tratan las cosas de forma atractiva. Uno está harto de pelis dramón sobre estos temas.
En Teoría de la Literatura (una de los segundos ciclos "inútiles" que desaparecerán -o se harán inaccesibles para gente como yo- con Bolonia), se estudia el comic como forma narrativa. De hecho, el profe de crítica permitía hacer el trabajo final sobre pelis, comics y novelas gráficas.
(De lo que me cuentas, sólo descarto Alatriste. No puedo con Pérez-Reverte ;))