En la frontera entre las dos Coreas sobrevive el último frente de la Guerra Fría, un lugar plagado de curiosidades: dos poblados enfrentados que compiten por tener la bandera más grande y el mástil más alto, un sistema de sonido norcoreano que emite 24 horas diarias de propaganda hacia el sur, y edificios de negociación donde la frontera parte en dos hasta las mesas de su interior, para que los representantes de ambos países se encuentren en el territorio de su competencia.
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