Finalmente el pequeño enfrentamiento entre ambas y la supuesta violación de la LGPL parece haber llegado a su fin y, en principio, con un final feliz. Hace pocas horas Parallels ha entregado el código fuente de Wine modificado tal y como requiere la licencia a la que estaba acogida. Prácticamente un mes más tarde pero y ha sido entregado. Se acabo el culebrón. A ver si otras compañías toman ejemplo.
Ojalá veamos pronto estos avances.
Intentar quedarse en propiedad con un código abierto vivo es un cortoplacismo absoluto.
La principal baza que le veo al software abierto es que evita la divergencia exagerada, ya que se comparte código siempre con los demás. Los forks no son tampoco demasiado diferentes del original, normalmente. Lo que hacen es modificar un código común y tener sus propias modificaciones. Si otro fork quiere, puede agregar código de esas modificaciones, haciendo que los forks se acerquen entre sí. Finalmente, si la cosa sale como toca, los forks terminan reunificándose, incluyendo las mejoras de cada rama.
Depende de cómo difieren el que un merge sea fácil o difícil, pero exactamente igual pasaría en el caso de una rama cerrada y otra libre.