El hombre más peligroso para cualquier gobierno, es el hombre que tiene la habilidad de pensar las cosas por sí mismo, sin que le importen las supersticiones o tabúes.
Henry-Louis Mencken
Una pareja que acababa de tener un niño decidió ponerle el nombre de Increíble, pues tenía la certeza de que a lo largo de su vida iba a hacer cosas realmente extraordinarias.
El caso es que el niño fue creciendo hasta convertirse en un adulto, pero al contrario de lo que habían pensado sus padres, su vida no se había caracterizado por hacer nada fuera de lo común.
Cuando acabó los estudios se casó con su novia de siempre, a los pocos años tuvieron dos hijos: un niño y una niña. Mantuvo durante toda su vida el mismo trabajo y siempre estuvo con los mismos amigos, pero el tiempo pasaba y no ocurría nada que pudiera ser calificado de increíble.
De hecho, muchos de sus compañeros y amigos, de vez en cuando, le hacían bromas en relación a su nombre, pues no coincidía con el estilo de vida que llevaba.
Pero lo peor de todo era cuando, por alguna razón, le tocaba decir su nombre y la gente le preguntaba por el significado del mismo. Él no sabía qué contestar, pues en realidad, haciendo un repaso a su vida no había conseguido nada digno de calificarlo como increíble.
Poco a poco fue pasando el tiempo y sus hijos se hicieron mayores y, a la vez, tuvieron también hijos, por lo que Increíble se convirtió en un amable abuelo.
-Abuelo, ¿y a ti por qué te llaman Increíble? -le preguntaban sus nietos muchas veces.
-Pues la verdad es que no lo sé -respondía él resignado.
Los años fueron pasando hasta que finalmente se jubiló de su trabajo de toda la vida.
Dedicó todo su tiempo libre a sus nietos, a sus hijos, a su mujer... pero se dio cuenta de que cada vez se hacía más mayor y de que, al final, no había conseguido hacer nada increíble.
Por esa razón le pidió a su esposa un favor: que el día que muriera no pusiera su nombre en la lápida, pues no quería ser objeto de burlas ni risas de nadie. Le dijo que, en lugar de eso, pusiera alguna frase, cualquier cosa que ella quisiera.
Al tiempo, Increíble, ya muy mayor, murió, y su mujer hizo lo que le había prometido: en lugar de poner su nombre en la lápida, escribió lo siguiente:
“Aquí yace un hombre que le fue fiel a su esposa durante toda su vida, que cuidó a su familia en todo momento, que nunca traicionó a ningún amigo y que trabajó duramente más de 40 años para que a sus seres queridos nunca les faltase nada”.
Y ocurrió que cuando la gente pasaba por el cementerio y leían la placa decían: ¡Increíble!
Cuento recogido en “Cuentos para entender el mundo”, Autor desconocido
La política es el sutil arte de conseguir votos de los pobres y hacer campaña con base al capital de los ricos, prometiendo proteger a uno del otro.
Oscar Ameringer.
“Los hombres, en general, no son sino marionetas maltratadas por un titiritero”.
Giovanni Papini

«Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizá tenía prisa. Pero quizá la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como este le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo.
Así nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir: “Buenos días”, nuestro hombre le grita furioso: “¡Quédese usted con su martillo!”.»
Paul Watzlawick, "El arte de amargarse la vida" (1983)

"Al capitalismo hay que robarle siempre, porque por mucho que le robes jamás podrás robarle tanto como él te roba a ti, pues te roba la alegría, y la alegría tiene un precio incalculable".
Manuel Vilas, “Alegría” (2019)

“Yo no puedo decir si hay Dios o no. Creo que no, pero no tengo seguridad. Ahora, tengo la seguridad de que el Dios que nos vende el Vaticano es falso, y lo compruebo leyendo la Biblia con la razón y no con la fe. Cuando creemos lo que no vemos, acabamos por no ver lo que tenemos delante.“
José Luis Sampedro
“La derecha tiene razón cuando se identifica a sí misma con la tranquilidad y el orden: es el orden, en efecto, de la cotidiana humillación de las mayorías, pero orden al fin, la tranquilidad de que la injusticia siga siendo injusta y el hambre, hambrienta.”
Eduardo Galeano, Las venas abiertas de américa latina (1971)
"Quizás no haya ningún fenómeno que contenga tanto sentimiento destructivo como la 'indignación moral', que permita que la envidia o el odio se actúen bajo la apariencia de virtud"

“Hay millones de personas que suspiran por la inmortalidad cuando no saben qué hacer una tarde lluviosa de domingo”.

Un día hablaba el Conde Lucanor con su consejero Patronio y le contaba lo siguiente:
-Patronio, gracias a Dios yo tengo mis tierras bien cultivadas y pacificadas, así como todo lo que preciso según mi estado y, por suerte, quizás más, según dicen mis iguales y vecinos, algunos de los cuales me aconsejan que inicie una empresa de cierto riesgo. Pero aunque yo siento grandes deseos de hacerlo, por la confianza que tengo en vos no la he querido comenzar hasta hablaros, para que me aconsejéis lo que deba hacer en este asunto.
-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, para que hagáis lo más conveniente, me gustaría mucho contaros lo que le sucedió a un genovés.
El conde le pidió que así lo hiciera.
Patronio comenzó:
-Señor Conde Lucanor, había un genovés muy rico y muy afortunado, en opinión de sus vecinos. Este genovés enfermó gravemente y, notando que se moría, reunió a parientes y amigos y, cuando estos llegaron, mandó llamar a su mujer y a sus hijos; se sentó en una sala muy hermosa desde donde se veía el mar y la costa; hizo traer sus joyas y riquezas y, cuando las tuvo cerca, comenzó a hablar en broma con su alma:
»-Alma, bien veo que quieres abandonarme y no sé por qué, pues si buscas mujer e hijos, aquí tienes unos tan maravillosos que podrás sentirte satisfecha; si buscas parientes y amigos, también aquí tienes muchos y muy distinguidos; si buscas plata, oro, piedras preciosas, joyas, tapices, mercancías para traficar, aquí tienes tal cantidad que nunca ambicionarás más; si quieres naves y galeras que te produzcan riqueza y aumenten tu honra, ahí están, en el puerto que se ve desde esta sala; si buscas tierras y huertas fértiles, que también sean frescas y deleitosas, están bajo estas ventanas; si quieres caballos y mulas, y aves y perros para la caza y para tu diversión, y hasta juglares para que te acompañen y distraigan; si buscas casa suntuosa, bien equipada con camas y estrados y cuantas cosas son necesarias, de todo esto no te falta nada. Y pues no te das por satisfecha con tantos bienes ni quieres gozar de ellos, es evidente que no los deseas. Si prefieres ir en busca de lo desconocido, vete con la ira de Dios, que será muy necio quien se aflija por el mal que te venga.
»Y vos, señor Conde Lucanor, pues gracias a Dios estáis en paz, con bien y con honra, pienso que no será de buen juicio arriesgar todo lo que ahora poseéis para iniciar la empresa que os aconsejan, pues quizás esos consejeros os lo dicen porque saben que, una vez metido en ese asunto, por fuerza habréis de hacer lo que ellos quieran y seguir su voluntad, mientras que ahora que estáis en paz, siguen ellos la vuestra. Y quizás piensan que de este modo podrán medrar ellos, lo que no conseguirían mientras vos viváis en paz, y os sucedería lo que al genovés con su alma; por eso prefiero aconsejaros que, mientras podáis vivir con tranquilidad y sosiego, sin que os falte nada, no os metáis en una empresa donde tengáis que arriesgarlo todo.
Al conde le agradó mucho este consejo que le dio Patronio, obró según él y obtuvo muy buenos resultados.
Y cuando don Juan oyó este cuento, lo consideró bueno, pero no quiso hacer otra vez versos, sino que lo terminó con este refrán muy extendido entre las viejas de Castilla:
El que esté bien sentado, no se levante.
EL CIELO Y EL INFIERNO En un reino lejano de Oriente se encontraban dos amigos que tenían la curiosidad y el deseo de saber sobre el Bien y el Mal. Un día se acercaron a la cabaña del sabio Lang para hacerle algunas preguntas. Una vez dentro le preguntaron: -Anciano díganos: ¿qué diferencia hay entre el cielo y el infierno?... El sabio contestó: -Veo una montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchos hombres y mujeres con mucha hambre. Los palos que utilizan para comer son más largos que sus brazos. Por eso cuando cogen el arroz no pueden hacerlo llegar a sus bocas. La ansiedad y la frustración cada vez van a más. Más tarde, el sabio proseguía: -Veo también otra montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchas personas alegres que sonríen con satisfacción. Sus palos son también más largos que sus brazos. Aun así, han decidido darse de comer unos a otros.

Lo ven, para vencer a un enemigo, no tienen que matarlo. Derroten la rabia que hay en él, y su enemigo no será más. La ira el verdadero enemigo es.
Maestro Yoda
“Todos somos iguales, dijo un banquero a otro”.
Atribuida a Pablo Castellano Cardalliaguet
“La pasión y el prejuicio gobiernan el mundo, pero bajo el nombre de la razón”.
Atribuida a John Wesley

Muy cerca de cierto bosque crecían, casi juntos, un abeto y un espino en perfecta armonía.
Un buen día, rompieron las paces y discutieron como declarados enemigos.
El abeto, en tono despectivo, dijo al espino:
—Mírame, que esbelto, frondoso y alto soy. Con mi madera se techan hermosos templos y se construyen grandes barcos. ¿Cómo, pues, infeliz, pretendes compararte conmigo?
El espino no se acobardó frente a tan repentina provocación y, usando de mucha prudencia, le respondió:
—Amigo, si pensaras en el hacha y la sierra que cercenan y destrozan tus entrañas, sé que desearías tener la estrella del espino.
Fábula de Esopo
Moraleja:
El soberbio perece,
y el humilde permanece.
Matadlos a todos, Dios ya reconocerá a los suyos.
Arnaud Amaury, monje cisterciense, legado personal del papa Inocencio III para la cruzada contra los herejes cátaros.
En nombre de qué, de quién, podemos asumir el deber de amar al prójimo si es abominable? ¿Qué se puede alegar para convencer a la víctima de amar a su verdugo? ¿Que es una criatura de Dios, como yo, y las vías del Señor que lo conducen a hacer el mal son inescrutables? Eso vale para los que se consagran a las pamplinas cristianas, pero, ¿y para los demás, los que viven inmunes a esas fábulas? ¿Qué extraña perversión podría, pues, conducir a este mandato inaudito: amar al autor del suplicio que nos destruye? Auschwitz muestra los límites de esta ética: interesante en el papel, pero inútil para la vida.“
Michel Onfray
Pues no se ha producido la transición desde el nacionalcatolicismo al Estado no confesional. Pero es que, además, para mí son lo mismo. Lo que pasa es que la derecha política y la jerarquía católica establecen esa diferencia, según la cual el Estado no confesional posibilita las relaciones con las religiones, mientras el laico va contra la religión. Es una construcción ideológica que no responde a la realidad. ¿Qué es el Estado aconfesional? El que establece el artículo 16.3 de la Constitución, es decir, el que no tiene religión oficial. ¿Y qué es un Estado laico? El que no tiene religión oficial. Lo demás es una guerra del lenguaje, para no usar la palabra "laico".
Juan José Tamayo
(...) quería escribir poesía porque me había enamorado de las palabras. Los primeros poemas que conocí fueron canciones infantiles, y antes de poder leerlas, me había enamorado de sus palabras, sólo de sus palabras. Lo que las palabras representaban, simbolizaban o querían decir tenía una importancia muy secundaria; lo que importaba era su sonido cuando las oía por primera vez en los labios de la remota e incomprensible gente grande que, por alguna razón, vivía en mi mundo
«Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un día surge el “por qué” y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro. “Comienza”: esto es importante. La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inicial al mismo tiempo el movimiento de la conciencia. La despierta y provoca la continuación. La continuación es la vuelta inconsciente a la cadena o el despertar definitivo. Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento.»
Albert Camus
El mito de Sísifo

Con 16 años casi muero. Con 18 casi muero, con 19 casi muero y con 23 casi muero otra vez.
Cuatro siniestros totales en mi vida (en todos me chocaron).
Son experiencias que te marcan para toda la vida. Pero en una de ellas tuve una experiencia cercana a la muerte. Te cuento.
Un accidente de coche en Italia y una transfusión de 3 litros de sangre de un grupo distinto al mío hacen que casi la palme.
Yo diría que por un momento la palmé, porque me vi a mí mismo sobre la camilla, y a mi padre y a mi hermana a mi lado llorando.
Me provocaron una anemia brutal que casi me manda a las puertas del cielo (¿me acogerán allí?).
No sé si alguna vez alguien te ha contado una experiencia cercana a la muerte, o si la has sufrido en tus carnes, pero se te quitan las tonterías de golpe.
Dicen que aprendemos a base de h*stias, y doy fe de que es verdad, porque cuando te enfrentas a la incertidumbre de vivir o morir no te queda otra que confiar.
Por eso el mensaje que te quiero mandar hoy es este:
No existe nada que no tenga solución (excepto ya sabes el qué), así que no te amargues y disfruta del camino, que para eso hemos venido.
BeLiquid, my friend.
P.D: si te da miedo subir conmigo en un coche no me lo tomaré a mal ;-)
Alicia: ¿Cuánto tiempo es para siempre?
Conejo blanco: A veces solo un segundo.
Lewis Carroll - Alicia en el País de las Maravillas (1865)
menéame