El politologo Juanjo Dominguez analiza el libro de la periodista Estefanía Molina: Sintaxis y léxico de una bachiller mediocre. Mucha leche y poco café. Pero vayamos al contenido de su tesis mediante un hilo. Empecemos por el núcleo: “Los hijos de los boomers” propone que toda fricción generacional actual se reduce a una lucha entre “boomers” y “millennials/Gen Z”. Eso no es un análisis sociológico, es una simplificación maniquea.
La falacia central es pensar que generaciones son bloques monolíticos de pensamiento. La realidad es que la variación interna dentro de cada generación supera largamente la variación entre generaciones. No se puede analizar política o economía con reduccionismos de etiqueta.
El libro usa anécdotas y ejemplos pintorescos como si fueran evidencia empírica. Eso no es ciencia social; es narrativa sesgada. Un argumento sólido requiere datos representativos, no “anécdotas que confirman prejuicios”. Se insiste en que la crisis económica actual es culpa exclusiva de los boomers. Esto ignora factores estructurales globales como la financiarización, la automatización, políticas monetarias, caída de la productividad y choque de demografía en varios países.
El texto tiende a construir enemigos ficticios (“boomers privilegiados vs. jóvenes oprimidos”), cuando la realidad es más compleja: hay boomers con dificultades económicas, y millennials con posiciones de poder.
El problema de fondo no es generacional, es estructural: mercados laborales rígidos, precariedad de empleo, políticas fiscales regresivas, vivienda inaccesible, deuda estudiantil… nada de esto se resuelve con etiquetas generacionales.
La tesis principal confunde correlación con causalidad. Puede haber coincidencia temporal entre crisis económica y envejecimiento demográfico, pero no hay demostración causal de que una generación “oprima” a otra por definición.
Desde la metodología, el libro cae en sesgo de confirmación: selecciona casos que avalan la narrativa y omite datos que la contradicen. Eso no es análisis crítico, es justificación de opinión personal.
En resumen: afirmar que conflictos sociales, económicos y políticos son producto de un choque entre generaciones es un reduccionismo que evita enfrentar las verdaderas causas estructurales. No es sociología rigurosa: es entretenimiento simplista.
Si quieres entender la brecha intergeneracional de forma seria, mirar estadísticas, historia económica y estructura del mercado laboral ofrece mucho más que el relato “boomers contra el resto”.
Intuyo que @EstefMolina_ ha tenido una infancia muy infeliz viviendo con muchas estrecheces en una casa cuartel de la Guardia Civil y, por alguna razón que supongo, ahora, le sale la rabia de los conversos que se consideraban "pura clase media".
Si visteis el discurso de la "estado de la nación" de Trump ayer por la noche no habéis dormido bien. No pude quitármelo de la cabeza en todo el día, pero no por el contenido político en sí sino por la puesta en escena en el Congreso. Me recordó muchísimo a las imágenes que nos ilustra Antonio Scurati, el escritor napolitano, en su serie M.
Es esa sensación de que el Parlamento ha sido tomado por una especie de bestialidad. No son hombres disfrazados con cuernos, como los tristes hechos de hace poco más de cinco años, sino políticos que supuestamente han sido votados para resolver los proviene de sus votantes. Ya no hay política de verdad, de esa que busca soluciones; no hay debate, ni siquiera un intento de discutir los problemas reales de la gente. Hay demagogia, niñas de seis años expuestas, y equipos se hockey ganadores de medallas celebrados por los ultras. Todos ellos blancos y anglosajones por supuesto. Lo que vimos fue puro escarnio y espectáculo por un lado, y por el otro, una parte de la cámara absolutamente escandalizada, sin saber cómo reaccionar ante el rugido.
Es tristísimo ver cómo esta decadencia se asemeja cada vez más a la Roma de los años 20 y 30. Afortunadamente en Estados Unidos no estamos viendo la violencia física sistemática que desangró a Italia en aquella época (todavía). Pero el escenario, la estética y ese desprecio por las formas democráticas son un calco.
Estamos pasando de la oratoria al grito, y del argumento a la humillación del contrario. Si no habéis leído M, hacedlo; da miedo ver cómo lo que Scurati describe como el fin de una era en Europa se parece tanto a lo que se proyecta hoy en nuestras pantallas.
Aunque hay que decir en honor a la verdad que Mussolini no era un pedófilo, empresario fracaso estrella clown del show business de su época. Hasta en eso hemos ido a peor.
Entradilla:
Si llegan recortes, el resultado previsible es peor acceso, más desigualdad y más gasto a medio plazo. Propongo un marco sencillo: que la sanidad privada opere subordinada al interés general y que el beneficio del inversor quede ligado a mejoras verificables en la salud de la población.
Cuando se recorta, normalmente se traslada presión al sistema: aumentan listas de espera, se reducen recursos en primaria y se agravan brechas entre quien puede pagar y quien no. A la vez, crece la tentación de “externalizar” sin controles reales.
La sanidad privada puede existir, pero supeditada al interés general.
Y si participa en servicios que afectan al conjunto, su retribución no debería depender solo de volumen/actividad, sino de resultados.
Planteo vincular parte del beneficio privado a resultados medibles. La idea es simple:
si la salud general mejora de forma verificable, se gana más; si empeora o no mejora, se gana menos.
No es “privada sí o no”. Es alinear incentivos: que ganar dinero dependa de mejorar salud real, no de multiplicar actos médicos o de capturar rentas durante recortes.
Cierre:
Si vamos a pasar por ajustes, prefiero discutir un marco que proteja resultados y equidad. ¿Qué indicadores pondrías tú? ¿Qué controles serían imprescindibles?
Supongo que será cosa de los propagandistas y sus métodos, pero cada vez se utilizan más los titutlares en los que se declara, simplemente, que EEUU ha ganado la guerra, que Irán ya ha ganado, que China ya ha ganado, que Putin ya ha perdido, que Ucrania ha ganado ya, y otras variantes similares, igualmente idiotas, malintencionadas, o ambas cosas.
No hay corresponsales sobre el terreno. No hay narración d eloq ue sucede y sus implicaciones, o es temerrio creerse lo que dicen. Cada vez hay menos argumentación, y toda la información necesaria se sustituye por una especie de crónica deportiva de minuto y resultdo, para consumo de mastuerzos seguramente, o porque la guerra les importa a estos informadores un carajo y lo que cuenta es el relato final de que ganaron los suyos, de que ya se puede ir a celebrarlo, y de que es hora de poner en marcha las consecuencias pertinentes de estos resultados.
Cada vez que leo uno de esos titulares pienso que me toman por gilipollas, pero de un modo muy distinto a lo que sucede cuando desinforman, intoxican, o simplemente se inventan los movimientos bélicos. No se trata ya de que te quieran dar una imagen distorsionada de la guerra, sino que parecen querer decirte que ya acabó, que aunque sigan cayendo bombas y siga muriendo gente, todo importa un pimiento, porque le resultado ya está decidido y no vale la pena nda de lo que suceda a continuación.
Y no, oye. No sabemos todavía cuales son las condiciones de victoria, y mucho menos quién la ha alcanzado. Hace años, ya cuatro, que discuto por aquí con alguna gente, alejada ideológicamente pero sensata, cuales son las condiciones de victoria para Putin en Ucrania. Para mí, Zelenski habrá ganado si consigue sostener la soberanía del país, y el suficiente territorio para que sea un Estado viable. Y Putin habrá ganado si consigue quedarse una parte considerable del territorio ucraniano y colocar un gobierno títere. Ese es mi punto de vista, pero hay otros. Más o menos claros. Algo es algo.
¿Y cuales son las condiciones de victoria en Irán para Trump? Creo que EEUU e Israel habrá ganado esa guerra si consiguen destruir el Estado, como en Libia, Siria o Irak, y eliminan al régimen de los ayatolahs. Si no, habrán perdido.
Pero de momento no tenemos ni puñetera idea de lo que va a pasar y de qué implicaciones tendrá esta guerra para el futuro, y todas las noticias basadas en afirmar que este o aquel ya ha ganado son simple forraje para acémilas, minuto y marcador de un parrtido que no sabemos por qué minuto va pero que algunos quieren dar por concluido exigiendo que les entreguen la copa.
Demasiado videojuego han jugado los periodistas actuales, me temo.
La madrugada del 2 de abril de 1982, tropas argentinas bajo el mando del general Carlos Büsser, tomaron con facilidad Stanley, capital de las Malvinas. El día tres tomaban la isla de Georgia del Sur. El gobernador Rex Hunt y la pequeña guarnición cayeron presos. La Operación Rosario había sido un éxito. Las tensiones por las islas Malvinas estallaron y, desde ese momento, ya no hubo vuelta atrás. Se iniciaban así dos meses y medio de conflicto que segaron la vida de más de mil jóvenes, entre británicos y argentinos. Dos países occidentales, dos miembros del mismo bloque, dos gobiernos liberales. ¿Cómo se llegó a esta situación?
Cuando comenzó la guerra la mayoría de los británicos no sabía ubicar las islas en un mapa. Por contra, para los argentinos las Malvinas eran una convicción: la causa más grande del nacionalismo argentino. El reclamo sobre estas islas (casi las podrían llamar “Mal Venidas”) se ha ido enseñando en las escuelas con el paso de los años, y se fortaleció durante la dictadura cívico-militar. La discusión sobre el dominio de estas islas había suscitado muchos pleitos entre los reinos de Francia, España e Inglaterra. Esta última, en mitad de las guerras napoleónicas, aprovechó para obligar a los últimos soldados españoles a retirarse en 1811. Una jovencísima República Argentina reclamó en seguida la propiedad de las islas. Sin embargo, en 1833, los británicos tomaron posesión militar y las rebautizaron como Falklands. En 1946, tras su llegada al poder, Juan Domingo Perón resucitó la polémica en nombre del anticolonialismo y del panamericanismo. Naciones Unidas obligó a Inglaterra a entrar en negociaciones.
Sin embargo, ¿cuál es la verdadera importancia de estas islas? A 550 km al este de la Patagonia argentina, con 11.800 km2. Para 1982 apenas 1830 personas vivían allí, 1550 en Puerto Stanley. 400 de estos habitantes eran británicos, 30 argentinos y el resto gozaban de un estatuto de asociación a la Corona. La industria principal era la cría de ovejas, unas 650.000, bajo gestión de la Falkland Island Company, uno de cuyos directores, por cierto, era el esposo de Margaret Thatcher. Todo queda en casa. Uno podría preguntarse si la lana y la carne de oveja es una industria tan estratégica que justifique la guerra.
Antes de la construcción del canal de Panamá, tenía un interés estratégico. Lord Anson, en 1740 escribió: “El control de las Falklands podría ser útil en tiempo de paz, pero en tiempo de guerra nos daría el control de los océanos”. De hecho, más de siglo y medio más tarde, en 1914, la base naval ubicada allí demostró cierto valor: la Royal Navy hundió cuatro navíos de guerra alemanes operando desde allí. Cabe decir que hoy en día puede alojar una plataforma logística tanto submarina como aeronaval idónea para interceptar las ondas hertzianas (1) y electromagnéticas sobre América del Sur. Además, tienen petróleo que se explota desde 2010.
(1) Conocidas también como ondas radioeléctricas, viajan a la velocidad de la luz y pueden propagarse por el espacio libre o a través de medios como cables o fibras ópticas. Se utilizan para diversas aplicaciones como la radio, la televisión, la telefonía móvil, las redes inalámbricas, y la navegación satelital. Pueden ser reflejadas, refractadas y difractadas, dependiendo de las características del medio en el que se propagan.
En 1974 la asamblea de Naciones Unidas, ese ente famoso por su utilidad, había pedido una solución pacífica. Se propusieron diferentes opciones, como, por ejemplo, un condominio anglo-argentino, o un estatuto como el de Hong Kong, etc. Evidentemente, estas propuestas no salieron adelante. Pero la situación empezó a deteriorarse en cuanto en 1976 la Junta Militar tomó el poder en Buenos Aires, derrocando mediante un golpe de estado a Isabel Perón. De hecho, en 1980 el parlamento británico, por presión de la población de las islas, rechazó una cesión diferida del archipiélago. Esto coincidió con la llegada al poder de Margaret Thatcher.
La Junta estaba compuesta por representantes de las tres fuerzas armadas: Ejército, Marina y Fuerza Aérea. A nivel económico se produjeron profundos cambios en la economía argentina que terminaron por crear un nuevo modelo económico basado en la acumulación rentística y financiera, la apertura externa sin restricciones comerciales ni de capitales y el restablecimiento del mercado como herramienta hegemónica de asignación de recursos. Todo esto acompañado de la reducción de la participación estatal y la apertura a productos extranjeros que entraron a competir con los locales, aunque esto supusiera el sacrificio de la industrial local. En la primera etapa, del 76 al 78, se aplicó un plan de ajuste ortodoxo con devaluación, liberación de precio, congelamiento de salarios, facilidades en las importaciones y cese de la promoción en las exportaciones. Esto se acompañó de una reforma financiera en 1977 que puso a las finanzas en posición hegemónica a la hora de absorber los recursos. Básicamente un modelo neoliberal que provocó una grave crisis económica, con una altísima inflación y un endeudamiento externo brutal. Lo normal del neoliberalismo.
La segunda etapa, iniciada en 1978, comenzó con la aplicación de la “tablita cambiaria”, que consistía en hacer devaluaciones inferiores a la inflación. Agravaron el cierre de las industrias nacionales, incapaces de competir con los productos importados, e impulsaron la salida de divisas, causando déficits comerciales y de servicios. Esto se cubrió con ingresos de capitales y creando una enorme deuda externa que, en 1981, produjo una primera crisis de graves consecuencias. Algunas de estas nefastas medidas aún se arrastraban en los años 90.
La junta se caracterizó por ser un gobierno represivo, mediante el llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, caracterizado por una represión brutal que hizo desaparecer a alrededor de 30 mil personas a través de centros clandestinos de detención (el más famoso de ellos fue la ESMA, Escuela de Mecánica de la Armada), y robando más de 400 bebés. La brutal represión impidió cualquier tipo de resistencia social a las transformaciones económicas. Las élites agropecuarias, los grandes grupos económicos y financieros locales y los intermediarios comerciales y financieros fueron los grandes beneficiados. Quedó claro que las Fuerzas Armadas habían asumido el poder político como representantes de estos grupos económicos.
En junio de 1980, un año después de llegar al poder, la administración Thatcher tomó dos medidas respecto al archipiélago: la primera fue desmantelar la base científica en Georgia del Sur. La segunda, más importante para el caso, fue la reducción del presupuesto militar que conllevó la retirada del único buque permanente en el Atlántico sur. Seguramente, desde Buenos Aires, esto se interpretó como una prueba del desinterés briutánico por las islas. A esto se sumó el acercamiento de Ronald Reagan que, en 1981, estableció estrechas relaciones diplomáticas y militares con Buenos Aires.
En diciembre de aquél año, el general Leopoldo Galtieri, comandante del ejército argentino, encabezó una nueva junta en compañía del general Lami Dozo, jefe de la aviación, y del almirante Jorge Anaya, comandante de la marina y principal defensor de reconquistar las Malvinas. Galtieri mostró su mejor carta: la unión nacional argentina sobre una meta simbólica: la reconquista de las islas.
El 29 de diciembre, la junta ya había planeado la invasión, pero se reservó una posible salida política en caso de que las negociaciones fueran positivas. Surgieron dos planes distintos: la Operación Alfa, para Georgia del Sur, que implicaba a un empresario argentino con contactos en Londres (Constantin Davidoff). Él compraría una vieja fábrica ballenera en Puerto Keith, allí mandaría a cuarenta obreros. Entre ellos se infiltraría comandos. La marina argentina le ofreció a Davidoff apoyo material y fiscal con la condición de que esperase al día y ora indicada por el estado mayor. Por otro lado, la operación Azul apuntaba a las Malvinas: desembarcar sorpresivamente en Puerto Stanley y establecer un puente aéreo y marítimo para enviar tropas suficientes como para disuadir a Londres de cualquier reacción militar.
En febrero de 1982 se fijó como fecha de lanzamiento de las operaciones el día 9 de julio, día de la independencia. La base británica de Grytviken ya estaría evacuada y el HMS Endurance se habría retirado. Galtieri había negociado la neutralidad de Uruguay. Pero la sesión de negociaciones diplomáticas con Londres del 1 de marzo de 1982, en Nueva York, dio resultados alentadores. Esto alarmó a los militares, así que al día siguiente la Secretaría de Relaciones declaró que si no se encontraba pronto solución diplomática, Argentina se reservaba el derecho de dar fin al proceso y escoger libremente los medios más adecuados. Es decir, que si hubo alguna posible opción de acercamiento diplomático, aquél día prácticamente dinamitaron los puentes existentes. No sólo eso, sino que el estado mayor general adelantó el día D al 15 de mayo, antes de la siguiente sesión de negociaciones. Sin embargo, todo se adelantó aún más cuando Anaya decidió lanzar la Operación Alfa sin avisar a sus colegas de la junta. Fijaos en este detalle, pues la descoordinación del mando argentino va a ser una constante con mucho peso en el resultado.
A finales de diciembre de 1981 Anaya había puesto a disposición de Davidoff el buque polar Almirante Irízar para ir a Puerto Leith. En marzo, recibió luz verde y el día 19 sus cuarenta obreros se instalaron en el puerto. La vigilancia de Grytviken, situada a 20 km, llegó al poco a Puerto Leith y vio ondear la bandera argentina. Avisaron inmediatamente a Londres, que inmediatamente avisaron a Buenos Aires de la seriedad de éste asunto. El Endurance recibió la orden de ir a Georgia con quince marines. El 23 de marzo el buque polar Bahía Paraíso llegaba a Georgia, pero no para recoger a los “obreros”, sino para desembarcar unos cien comandos más. En ese momento, el buque británico más cercano estaba en Gibraltar, a más de 12.000 km. Dieciséis navíos con cinco mil hombres salieron de Puerto Belgrano: la junta había adelantado la invasión al día 1 de abril.
Londres, en realidad, ya sospechaba algo. El 24 de marzo, el coronel Stephen Love (gran nombre para un militar…); de la embajada británica en Buenos Aires, informaba secretamente a Londres que estimaba probable una acción militar argentina. El 27, fuentes americanas e inglesas ya hablaban de actividad inusual de la marina argentina. Para el 29 Londres ya había decidido mandar con urgencia tres submarinos nucleares. El 31 de marzo la CIA ratificó el plan de invasión y Willian Casey, el director de la Central, muy anglófilo, por cierto, decidió informar a Londres. Probablemente, Chile corroboró ese mensaje. Ese día, el gobierno británico estaba ya convencido del inminente ataque.
El mismo 31 de marzo, Thatcher reunió al gabinete. Los delegados del Foreign Office se manifestaron en contra de una respuesta militar porque podría ser contraproducente en todos aquellos países que habían sido “seducidos” por el discurso “socialista y anticolonialista”. Porque el anticolonialismo es una idea a la que llegas por seducción, no por deducción. Londres, además, no podía contar con sus aliados tradicionales y tres de sus socios europeos estaban demasiado ligados a Argentina: España cultural y socialmente, Francia y Alemania por sus contratos armamentísticos.
El secretario de Defensa, John Nott, presentó todas las razones que hacían aleatoria, imposible, una expedición militar a 15.000 kms cuando se acercaba el invierno austral. Habló de miseria presupuestaria y material de las fuerzas armadas en contraposición con lo que sería una costosa operación. Justo cuando, además, habían retirado el único patrullero de la zona. Además, el presupuesto estaba cargado con dos programas mayores: cambiar los misiles nucleares Polaris por los nuevos Trident y renovar el material convencional de las fuerzas británicas desplegadas en Alemania. Pero la razón fundamental es que temían, y era algo realmente posible que sucediera, un fracaso desastroso.
Para empezar, la RAF no tenía ninguna base a su alcance, la marina Argentina era bastante buena y contaba con los temibles misiles Exocet, además combatían cerca de sus bases y las islas estaban al alcance de su aviación. Las fuerzas terrestres y aéreas británicas estaban masivamente implicadas en Europa Central, en el marco de la OTAN. La cosa no era tan simple como, muchas veces, creemos.
Margaret Thatcher (Margarita Techador), apoyada por Anthony Acland, representante de los servicios de información y seguridad, pensaba de otra forma: había que reivindicar el orgullo nacional. Gran Bretaña tenía por fuerza que reaccionar cuando alguno de sus territorios era agredido, y esto serviría de aviso también a los soviéticos. No es que se negase a negociar, sino que quería hacerlo desde una posición de fuerza, por ello debía mandar un cuerpo expedicionario. Eso y que su popularidad estaba tirando a mal, razón por la cual, ceder sin dar respuesta hubiera sido pegarse un tiro en el pie. La guerra le vino como anillo al dedo, no tan así a todos los hombres que murieron allí, claro está.
El jefe del estado mayor general estaba en Nueva Zelanda, así que en su lugar acudió el almirante Henry Leach, jefe del estado mayor de la marina. Llegó en el momento oportuno, venía de una inspección en Portsmouth. Había movilizado ya a las fuerzas vivas del almirantazgo. Él consideraba que la oportunidad era ideal para demostrar al poder político la utilidad de la RAF, que estaba amenazada por los recortes. A Leach, también le vino como anillo al dedo. Entre 1972 y 1982, la marina había pedido veintiséis buques (tres cruceros y cinco portaaviones). Pero todavía les quedaba uno en servicio, el Hermes. Leach, veterano de la Segunda Guerra Mundial, arguyó que podía reunir una fuerza naval compuesta de destructores, fragatas y navíos de desembarco y apoyo logístico encabezada por el Hermes y el Invencible. Junto a esta, una brigada de marines. Zarparía en 48 horas. Estaba convencido de que era suficiente para retomar las islas. Spoiler, lo fue.
Leach, con su profesionalismo y audacia, convenció a Thatcher que veía en la apuesta un burbuja de oxígeno en su popularidad. Una victoria relanzaría su carrera política, ya que el contexto socioeconómico le era absolutamente desfavorable, pues sus reformas ultraliberales, para sorpresa de nadie, no daban frutos y habían radicalizado a laboralistas y sindicatos. Veía dificil ganar las legislativas de 1983. Así que nada, le digo a Leach: tírale. El 31 de marzo de 1982, 36 horas después del primer disparo en las Malvinas, Gran Bretaña lanzaba su respuesta militar. La junta no había analizado bien la situación política británica.
Las fuerzas armadas Argentinas, con 230.000 hombres, eran el segundo ejército de América Latina. Su material era, en general, anticuado, pero sus hombres estaban motivados y bastante bien entrenados. Eran famosos en la lucha antiguerrillera. El ejército y la infantería marina sumaban 136.000 hombres, casi todos instalados frente a Chile y Brasil. La aviación disponía de 165 aviones de combate (de distintos modelos), pero el estado mayor no era capaz de coordinar más de seis aviones a la vez. La marina disponía de veinte navíos de combate. A las Malvinas enviaron 12.000 hombres, la mayoría de ellos, conscriptos poco entrenados de la tercera y décima brigadas de infantería.
Gran Bretaña contaba con 350.000 soldados profesionales. El cuerpo expedicionario contaba con 28.000 hombres, 110 navíos, de los cuales 33 eran de combate y 60 de apoyo de la Royal Fleet Auxiliary. Llevaban 38 aviones de combate Sea Harrier y Harrier, así como un centenar de aviones y helicópteros de apoyo. Además de los famosos SAS (Special Air Service), SBS (Special Boat Squadron), y los Gurkhas, punta de lanza de las fuerzas terrestres (9500 soldados de la tercera brigada de comandos y la quinta de infantería).
En realidad, vemos un relativo equilibrio de fuerzas, pese a la ventaja naval británica. Hay que tener en cuenta la proximidad de Argentina al teatro de operaciones.
La madrugada del 2 de abril de 1982, tropas argentinas bajo el mando del general Carlos Büsser, tomaron con facilidad Stanley, capital (única ciudad, o pueblo) de las Malvinas. Al día siguiente, Georgia del Sur. La Operación Rosario había sido un éxito. El gobernador Rex Hunt y la pequeña guarnición cayeron presos y fueron repatriados de inmediato a Inglaterra. En Buenos Aires, bueno, estaban eufóricos. Galtieri habló al pueblo desde la Casa Rosada. Si una semana antes las manifestaciones de hostilidad contra la junta llenaban la capital, ahora era todo pura celebración. Como si el hecho de haber tomado el archipiélago hubiera cambiado todo lo demás. Ya se sabe, una conquista y de repente ya llegas a fin de mes. El general Mario Menéndez, nombrado gobernador del archipiélago, declaró que la vida cotidiana de los insulares no cambiaría a excepción de los coches, que tendrían que circular por la derecha.
El gobierno británico, por su parte, lanzó la Operación Corporate, bajo el mando del almirante John “Sandy” Woodward para la parte marina, y del general Jeremy Moore, para la terrestre. La ONU se puso las pilas en ese momento y… bueno, condenó la agresión y reconoció el derecho británico a la legítima defensa. Muy de la ONU. Los diplomáticos, por su parte, buscaban una salida negociada: el secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, viajó muchas veces entre Londres, Nueva York y Buenos Aires, antes de reconocer su fracaso. Para el 12 de abril de 1982, Londres decretó una zona de exclusión de doscientas millas náuticas alrededor de las Malvinas. El 25 de ese mes, sus comandos retomaron Georgia del Sur, y unos días después el cuerpo expedicionario se acercaba. Daba comienzo a la segunda fase del conflicto.
Esta fase comenzó con una batalla aeronaval. El 2 de mayo, el General Belgrano, crucero argentino, fue hundido por el submarino nuclear Conqueror. Este ataque fue aprobado por el primer ministro inglés con dos fines: neutralizar una amenaza y demostrar la determinación británica. Y la verdad, funcionó, las naves argentinas regresaron a puerto. Dos días después el destructor británico Sheffield fue abatido por un misil Exocet, disparado por un Super Etendard argentino. Esto le vino genial a la industria militar francesa.
Las fuerzas especiales británicas llevaron a cabo una serie de golpes espectaculares, fracasando en Río Grande y teniendo éxito en la isla Pebble. Dos viejos Vulcan bombardearon la pista de Puerto Stanley: no tuvo grandes consecuencias militares pero demostraron hasta qué punto la RAF estaba dispuesta a llegar, incluso, a bombardear Argentina. Esto hizo que la mayoría de los Mirage III se quedaran en Argentina para defender Buenos Aires y Puerto Belgrano, y no aparecieron a apoyar el combate en las Malvinas.
El 21 de Mayo desembarcó la tercera brigada comando en la bahía de San Carlos. La aviación argentina multiplicó los contraataques sobre la marina, destruyendo y dañando varios buques, pero perdiendo decenas de aparatos en el proceso. Los británicos, pese a todo, lograron consolidar una cabeza de puente con la quinta brigada de infantería. El 25 de mayo fueron hundidos el destructor Coventry y el transportador Atlantic Conveyor. Tres días más tarde, el 28, los paracaidistas ingleses se enfrentaron con los argentinos en las trincheras de Darwin y Goose Green. Sufrieron fuertes pérdidas, pero, los británicos, lograron imponerse. Durante dos semanas fueron avanzando hacia Puerto Stanley, cercando progresivamente la gruesa guarnición argentina. El 8 de junio, el resto de la quinta brigada desembarcó en Fitzroy y Bluff Cove, y alcanzó a las tropas transportadas en helicóptero desde San Carlos. El 14 de junio, tras los últimos enfrentamientos, el general Menéndez capituló sin condiciones.
Fueron dos meses y medio, en un clima extremo. Se llevó la vida de 746 argentinos y 265 británicos. Argentina perdió 6 buques y 99 aviones, mientras que Inglaterra perdió 6 naves, 12 fueron dañadas y 34 aviones abatidos. Uno mira las cifras de bajas y se plantea que no fueron tan dispares. Cabe decir que la mitad de las bajas argentinas murieron en el hundimiento del Belgrano, lo cuál es bastante excepcional, ya que, normalmente, se rescata a los marineros naufragados. Pero la potencia del ataque, la rapidez con la que la nave se hundió, el frío y la oscuridad dificultaron el rescate. Pero eso significa que, en tierra, las bajas estuvieron más equilibradas.
Podría, sí. De hecho, pese a la ventaja naval británica que ya hemos comentado, las fuerzas en liza están bastante equilibradas. Recalcar, de nuevo, que por mucho que el ejército británico fuera mayor, más profesional y en muchos casos mejor equipado, la geografía equilibraba la balanza. Argentina luchaba, como aquél que dice, en casa. A nivel logístico tenía la ventaja. La logística, en la guerra, es tan importante que puede equilibrar las fuerzas. Esto es algo que uno aprende bien cuando estudia las Guerras de Coalición, anteriormente llamadas Guerras Napoleónicas.
Cabe señalar que la guerra no fue fácil para los británicos. Prueba de ello es el férreo control que aplicaron a los medios de comunicación. Londres había aprendido de la Guerra del Vietnam la importancia de controlar el relato. Elm Estado Mayor británico estableció otra forma de relacionarse con los medios de comunicación. No van a permitir que la población sea testigo de los combates, basándose en que las guerras son crueles y complicadas. Así, seleccionaron un grupo de reporteros bajo su criterio que pudieron acudir al conflicto bajo la protección del ejército. El buque que transporta a los periodistas quedó en la periferia dónde recibe la información a través del estado Mayor. No tienen los periodistas ninguna posibilidad de acceder al conflicto. Se libran batallas que demuestran que la seguridad británica no es tal, que la aviación argentina es eficaz. Los medios hablan de un conflicto fácil. Excepto uno: la BBC no aceptó la manipulación y llegó a amenazar con pedir material a la televisión argentina para mostrar otros puntos de vista. Y es que la victoria fue más ajustada de lo que parece.
La Royal Navy alcanzó el límite de las pérdidas soportables: catorce naves destruidas o fuera de combate, un tercio de sus destructores y fragatas sobre el terreno. El saldo no fue peor porque muchas bombas argentinas de 225 y 450 kg estaban obsoletas. Pero, sobre todo, el gran error del mando argentino fue atacar a los buques de guerra en lugar de a los navíos logísticos y de transporte de tropas, mucho más indefensos. De haberlo hecho, ¿cómo hubiera soportado Gran Bretaña la invasión a las islas? También, si uno de sus dos portaaviones hubiera caído, el golpe habría sido fatal. Pero la destrucción del Belgrano, con una cifra de bajas aberrantemente alta, disuadió al grupo aeronaval argentino de pasar a la ofensiva. Adicionalmente, los servicios secretos argentinos trataron de lograr unos diez misiles Exocet extra. Ya habían disparado los cinco que poseían. Pero no lo lograron. Esos misiles hubieran podido suponer también una diferencia en el éxito o fracaso de la misión británica.
La batalla aérea estuvo bastante reñida. Fue la defensa antiaérea de los buques las que provocaron las pérdidas argentinas. Las fuerzas aéreas argentinas operaban al límite de su radio de acción. Aquí el error fue no aprovechar las siete semanas anteriores al desembarque de los marines británicos para prolongar la pista de Puerto Stanley y desplegar allí los Skyhawks, Mirages y Super Etendards. Esto les habría dado una gran ventaja, porque si bien, a nivel logístico, estaban mejor posicionados para reforzarse, y sus aviones podían operar desde el continente, la distancia entre Argentina y las islas no es pequeña.
Tal vez en tierra fue dónde hubo más errores: retirar las tropas de élite e instalar conscriptos mal armados y poco entrenados. Buscar una defensa estática y no cambiar la estrategia, en lugar de apostar por el movimiento. Los británicos, una vez en tierra, tuvieron siempre la iniciativa. Argentina perdió muchas oportunidades de contraatacar. La reconquista de Georgia estuvo a punto de terminar en desastre con la operación Mikado, que fue cancelada, por suerte para muchos, que pudieron vivir para ver otro día más.
En resumen, Argentina tenía posibilidades de tomar las islas y ganar el conflicto. Pese a la superioridad militar inglesa, la capacidad de despliegue británica a tal distancia era mucho menor. Personalmente, creo que la Junta intentó una medida de presión y salió mal. Nunca se plantearon la guerra seriamente, sino más bien como un ardid y creo además que no se dieron cuenta de que para Gran Bretaña, o al menos para la administración Thatcher, aquello sí era serio. Por eso, la operación Rosario fue tan limpia. Siempre se intentó minimizar los daños (la única baja civil fue provocada por un bombardeo británico). Los soldados argentinos, escasos de suministros, tenían incluso prohibido tocar el ganado de la isla. Quizá la junta sí se dio cuenta de que Gran Bretaña iba a responder, pero no fueron capaces de abortar a tiempo. En cualquier caso, fue la negligencia de los mandos, especialmente de la Junta Militar, la que llevó a Argentina a la derrota. Sobre ellos recaen los cerca de mil muertos que provocó este conflicto.
A nivel internacional, Mitterrand dio todo su apoyo a los británicos. París congeló toda entrega de armas a Buenos Aires. Los códigos de los misiles Exocet fueron parcialmente a los británicos, permitiéndoles tomar medidas electrónicas. Además, los franceses llevaron a cabo ataques simulados sobre la marina británica para entrenarla contra los ataques argentinos. Los servicios secretos franceses cooperaban a fondo, interceptando las comunicaciones de los argentinos mandados a Francia para adquirir más Exocet. Es que uno no puede confiar su defensa en terceros.
Mitterrand usó su influencia para convencer a Togo y Zaire, del Consejo de Seguridad, para votar una resolución favorable a los británicos. Convenció también al canciller Helmut Schmidt de renunciar por un tiempo a los jugosos contratos de armamento argentinos. Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Dinamarca se mantuvieron anglófilos, la Comunidad Europea proclamó un embargo comercial contra Argentina e incluso España se olvidó de la solidaridad hispánica para cuidar su negociación de integración a la Comunidad Europea (y a la bienamada y bien querida OTAN). Básicamente, España se abstuvo cuando se votó la resolución 502 en el Consejo de Seguridad, en contra de lo que esperaba Argentina.
Estados Unidos se mantuvo ambiguo en la primera fase del conflicto, para sorpresa de nadie. Atrapado entre su voluntad de evitar una crisis mayor en la OTAN y su deseo de no comprometer sus pactos de seguridad con los estados del subcontinente. El conflicto enfrentaba a dos países aliados sin implicar indirecta o directamente a ningún país comunista. Pero a las cuatro semanas, el Pentágono entregó con urgencia los misiles, radares y material electrónico antimisiles requeridos por Londres. Cuando las operaciones comenzaron, la lógica estratégica de bloque volvió a funcionar, Washington se posicionó claramente del lado de Londres. Moscú se declaró dispuesta a apoyar a “Buenos Aires”, de hecho, buques “pesqueros” soviéticos pululaban ya en el Atlántico Sur.
América Latina en general apoyó la causa argentina, se negaron a calificar de “agresión” la conquista y a cualquier embargo. En el Consejo de Seguridad Panamá apoyó a Argentina y Guyana a Londres. Uruguay apoyó a Argentina pero abrió su espacio aéreo y marítimo a las naves inglesas siempre que fueran desarmadas. Brasil abrió una de sus bases al submarino Vulcan que tenía problemas. Perú se declaró neutral y se negó a vender a Argentina sus Exocet, aunque diplomáticamente fue el más activo de todos los países de la región proponiendo un plan de paz que fue rechazado. Chile sin duda informó a Londres de la inminente invasión argentina.
El 17 de junio de 1982, tres días después de la capitulación, Galtieri renunció, abriendo así el largo proceso que llevaría a la democracia. El 18 de junio, Londres ofreció repatriar a los 14.000 presos de guerra argentinos y el intercambio de prisioneros terminó sin problemas el 12 de julio. La comunidad internacional reintegró a Argentina al concierto de naciones, cancelando el embargo comercial. Francia y Alemania volvieron a entregar material bélico.
En Londres la guerra dio credibilidad y prestigio a las fuerzas armadas, pero aceleró el proceso de reorganización de la Defensa. Los generales se quejaban amargamente de las interferencias constantes de Thatcher durante la campaña. Por ello se creó el Defence Crisis Management Center, que permite al primer ministro manejar los aspectos políticos de las crisis, y el Permanent Joint Head Quarter, que deja a los estrategas militares la gestión de las operaciones desde Northwood. Gran Bretaña construyó cerca de Puerto Stanley una moderna base aérea y mantiene un destacamento de la RAF, una fragata, dos navíos de apoyo y 1500 soldados (15 veces más que en 1982), pese al elevado costo que esto supone.
En 1984 ambos países reanudaron las negociaciones. En 1985 Londres otorgó a las Malvinas una nueva Constitución que reconoce el derecho de autodeterminación. En 1990 se normalizan por completo las relaciones, y en 1995 ambos países firman un acuerdo de reparto de las riquezas petroleras en la zona. En 1999 se establecieron vuelos regulares entre Argentina y Puerto Stanley, y el anuncio “las Malvinas son nuestras” desapareció del aeropuerto de Buenos Aires. En julio de 2001, Tony Blair efectuó la primera visita oficial a la Argentina.
En Argentina, tras la derrota, se crearon Centros de Recuperación. Tenían una doble función: la recuperación y el tratamiento del personal, así como ejercer un control previo a la reincorporación en la vida civil. Entre mediados de junio y los primeros días de julio de 1982, miles de ex combatientes regresaron. La Orden Especial (OE) Nº759/82 “Para la Hospitalización, Evacuación y Apoyo a la Recuperación Integral de los Heridos y Enfermos” del 25 de mayo del 82 reglamentó la organización. Le siguieron otras órdenes que dispusieron la creación de estos centros.
Principalmente buscaban efectuar un examen psicológico y físico y clasificar al personal. Cada uno tuvo una Sección de Inteligencia compuesta por grupos de interrogadores. También un grupo de Contrainteligencia confeccionó las normas del personal. Se establecieron normas para controlar permanentemente la conducta, moral, lealtad, honradez y decoro personal y discreción del personal. Los medios de comunicación sólo debían proporcionar información previamente controlada. La orden de estos centros era realizar una evaluación de los ciudadanos antes de su desmovilización. 6766 personas fueron procesadas por estos centros, dónde se confeccionaban documentos como “actas de recepción” o “fichas de antecedentes y resultados de entrevistas”. Ahí consta la información sobre la situación padecida por la tropa.
En esos documentos se refleja que el personal en un porcentaje elevado no desea volver al frente. La tropa hablaba de la gran desorganización y errores de conducción por parte de los oficiales. El mal trato recibido por parte de los suboficiales que llegaban a esconder comida o tomar mayor parte que la que les correspondía. Algunos soldados manifestaban haber recibido castigos corporales al quejarse. La falta de comida, el frío, la falta de equipo y armamento inadecuado eran también quejas habituales. Esta información se mantuvo reservada. El objetivo de estos centros era cercenar cualquier información que dañara a la institución.
Tras permanecer en los Centros de Recuperación de Campo Mayo, los conscriptos fueron enviados a sus Unidades de origen o dados de baja. Desmovilizados, muchos de ellos comenzaron a organizarse en Centros de Ex Combatientes en busca de contención y de un espacio político desde donde impulsar y tramitar pensiones, asistencia médica y psicológica. El término excombatientes fue adoptado por ellos para diferenciarse de los militares profesionales reconocidos como veteranos de guerra. Llevaron adelante una profunda crítica a las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas.
Todo esto salió a la luz 25 años más tarde, en 2007, algunas agrupaciones de ex combatientes de Corrientes, Chaco y la Plata presentaron denuncias ante la Justicia Federal por violaciones a los derechos humanos cometidas por oficiales y suboficiales argentinos contra la tropa. Se registraron todos los documentos que hicieran referencia a hechos o situaciones de maltrato, abuso de autoridad, tortura. Se registraron todos los documentos que se refirieron a situaciones arbitrarias en casos de órdenes por parte de superiores que negaran atención sanitaria, prohibición de abastecimiento de comida y testimonios sobre el acaparamiento deliberado de alimentos. Las bajas de la tropa más frecuentes fueron por principio de congelamiento, trastornos vasculares y pie de trincheras, acabando en muchos casos en amputación. Los testimonios reflejan que era imposible cumplir con las órdenes, por ejemplo, la dificultad de mantener una posición permanentemente mojados, sin abrigo adecuado y con hambre, así como torturas.
Por poner algunos ejemplos. Un soldado del RI Mec 3 mencionó la orden superior de no recibir atención sanitaria. Explicó que desde que dio novedad de sus dolencias a su jefe, éste lo agredió en forma verbal y física por medio de movimientos vivos y golpes contundentes y le negó la atención. En otro documento figura que un subteniente lo hico estaquear y caminar descalzo por el agua. Estaquear, para el que no lo sepa, es una tortura que consiste en amarar a alguien de sus extremidades con tiras de cuero entre cuatro estacas. Otro soldados del RI Mec 3 relató que sufrió la amputación de cinco dedos del pie izquierdo y tres del derecho. Denunció a un subteniente que no lo dejó atenderse en la enfermería por pie de trinchera y que por comer un trozo de cordero lo hizo estaquear. El mismo conscripto denunció a un cabo 1º que le pegaba y orinaba en la espalda manteniéndolo en un charco por varias horas.
Imagina que eres un joven que tiene toda la vida por delante y que sueña, qué sé yo, con conseguir un empleo estable, formar una familia… En fin, lo normal. Pero te toca ir a hacer el servicio militar para tu país. Y dices: bueno, me lo tomo con filosofía. Voy, lo hago, aprovecho y me saco el carné de coche, y luego ya me monto mi vida. Pero un día, a tu gobierno, le da por enviarte a unas islas frías y lejanas dónde vas a tener que enfrentarte a una panda de soldados profesionales con muy malas pulgas que vienen a reclamar ese territorio que, aparentemente, es suyo. Y todo ello mal equipado, con hambre y recibiendo un trato vejatorio de tus superiores.
Decía León Gieco, cantautor argentino, en su canción “Sólo le pido a Dios”, que la guerra “es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”. Me parecen especialmente ilustrativos esos dos versos de la canción, porque, precisamente, a la guerra se le ha aportado siempre un barniz de epicidad y de gloria que muchas veces, los jóvenes inocentes de todas las épocas, han comprado con entusiasmo. Yo he sido el primero que ha disfrutado del cine de acción o de videojuegos tipo shooter cuyos títulos no pronunciaré aquí. No puedo evitar recordar las primeras escenas de una maravillosamente antibélica película alemana de Edward Berger, llamada “Sin novedad en el frente”, basada en la novela homónima de Erich Maria Remarque, en las que unos jóvenes patriotas, entusiasmados, han engañado a los reclutadores sobre su edad para poder ir a luchar, por Alemania, a las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Ni qué decir tiene que, el resto de la película trata de cómo tienen que afrontar la realidad del conflicto.
La propaganda belicista ha jugado, a lo largo de la historia, un importantísimo papel en vendernos la guerra como una lucha entre buenos y malos; y curiosamente siempre estamos del lado de los buenos. Pero la guerra no va de eso, sino de intereses geopolíticos clave. A veces, también es una forma de desviar la atención de los problemas internos. Pero sí hay algunos factores o elementos que tienen en común todas las guerras: las atrocidades, la violencia, el descontrol y el caos. Pero hay uno, que se suele pasar siempre por alto, que es la lucha de clases. Hay una frase muy ilustrativa de un piloto alemán llamado Erich Hartmann que dice: “la guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí por decisión de viejos que sí se conocen y se odian, pero no se matan”. Pensadlo, ¿quién pone la sangre y quién se lleva los beneficios?
Para mí, una guerra que creo que ilustra muy bien esto es la de las Malvinas. Puede parecer un conflicto menor. Además, es un conflicto curioso por darse en plena guerra fría entre dos contendientes del mismo bando (el occidental), con dos gobiernos ultraliberales (Thatcher y la Junta Militar Argentina). Ambos gobiernos mandaron a un puñado de soldados a luchar en un conflicto que ni les iba ni les venía, por unas islas remotas y escasamente habitadas. Ambos gobiernos intentaron utilizar el conflicto de forma propagandística, uno, el británico, con éxito. Ambos gobiernos, también, mintieron a sus respectivas poblaciones, y ambos respondieron a intereses particulares. Es cierto que existen particularidades. A Thatcher, aquél conflicto caído del cielo le vino que ni pintado,las fuerzas de ataque británicas eran, en esencia, tropas de élite y profesionales frente a los conscriptos argentinos.
La guerra es terrible. En ella se sacrifican los que menos tienen a ganar, es cruel y violenta y muestra, sin duda, la peor cara del ser humano. Pero, y creo que a nadie le sorprenderá, siempre hay rosas que crecen en la mierda. En mitad de la violencia, del caos, de la desesperación y de la injusticia más grande, también podemos ver la mejor cara del ser humano. Me gustaría cerrar haciendo mención a un hombre del que no hemos hablado, porque nos hemos centrado en otras cuestiones, pero creo que merece al menos ser referenciado. Hablamos de un hombre condecorado por ambos países por su actuación en el conflicto. Me refiero a Richard "Rick" Jolly, un médico de la Marina Real Británica, que se negó a hacer distinciones entre los heridos, atendiendo con indiferencia de la nacionalidad, y priorizando la gravedad de las heridas, salvando a muchos soldados argentinos, y obviamente británicos, de la muerte. Rick es la nota positiva de todo este conflicto: alguien que nos enseña que, incluso en la peor situación de todas, todavía podemos decidir cómo afrontar la realidad.
Es propiedad de Procter & Gamble, que abrió un centro de I+D en Tel Aviv, Palestina ocupada, en el que invierte 2.000 millones de dólares anuales.


Trump demuestra que siempre se puede caer más bajo y ahora ha dado muestras de su escaso nivel en matemáticas al asegurar que: «Esto es algo que nadie más puede hacer. Vamos a bajar los precios de los medicamentos. No un 30 o un 40 %, que sería genial, ni un 50 o un 60 %. Los vamos a bajar un 1000 %, un 600 %, un 500 %, un 1500 %». Y me imagino que si alguien le intenta decir que es un error, ordenará cambiar los manuales de matemáticas para incluir sus peculiares cálculos.
Las cuentas de twitter vinculadas a la ultraderecha llevan varios días explotando los ataques de Vox a la Conferencia Episcopal por defender la libertad religiosa de los musulmanes en Jumilla. El mensaje siempre es el mismo: sólo Vox se atreve a enfrentarse a los grandes líderes del sistema, por poderosos que sean, para defender España. Sólo Vox planta cara a una Iglesia vendida al bipartidismo.
Para entender lo acontecido, hay que tener muy en cuenta este tweet de la cuenta oficial de Vox x.com/vox_es/status/1953563575475482876 :

¿Quién es ese cardenal que, como Vox, usa el término "islamismo" para satanizar a todos los musulmanes y llamarles bárbaros, evidenciando que el discurso voxero no nace de España sino que es traducción al castellano del argumentario de la ultraderecha internacional? Podéis encontrar muchas cosas sobre él en internet, pero creo que esta frase le define especialmente www.swissinfo.ch/spa/el-cardenal-guineano-robert-sarah,-adalid-de-los- :
«Lo que en el siglo XX fueron el nazismo, el fascismo y el comunismo lo son hoy las ideologías occidentales sobre la homosexualidad y el aborto, y el fanatismo islámico»
Sarah representa como nadie la paradoja del fundamentalismo religioso: ataca a los fundamentalistas de otras religiones cuando él representa, a nivel occidental, lo más parecido a ellos (persecución de la homosexualidad, prohibición del aborto...). Sarah demuestra que, para el, son tan enemigos los musulmanes como el movimiento LGTBI o el feminismo. Sarah, como Vox, es integrismo ultracatólico. Y, como Vox, piensa que quienes no siguen su ideario decimonónico no son Iglesia (en el caso de Vox, afirman que quienes se oponen a ellos no son España, véase www.meneame.net/m/Artículos/primero-fueron-musulmanes-sabes-significa ).
Por tanto, Vox no se enfrenta a la Iglesia. Se enfrenta a cualquier posición de la Iglesia ajena al ideario ultracatólico acogido por la extrema derecha. Vox quiere una España sometida al ultracatolicismo preconciliar, y por eso considera enemigos a todos los que no comulguen con ello...aunque sean curas (e, incluso, aunque tal discrepancia no sea permanente sino sólo puntual). Y esto no es nuevo. Ved este vídeo, sobre todo a partir del minuto 1:08
Falangistas y guerrilleros de Cristo Rey gritando "Tarancón al paredón". Este cardenal representaba, en los estertores del franquismo, al sector más aperturista y pro democracia de la Iglesia. Estaba amenazado de muerte por ello. Los fascistas le odiaban aún más que a los rojos, porque era alguien que, debiendo ser de los suyos, les había "traicionado".
Por tanto, no hay nada nuevo en que la ultraderecha patria ataque al clero que no asume sus posiciones preconciliares. Lo novedoso, y el súmmum de la desfachatez, es que intenten presentarlo como un acto revolucionario en el marco de la propaganda de un partido que, como muestran sus propuestas políticas ( aquí una pequeña recopilación www.meneame.net/m/Artículos/juan-manuel-prada-vox-disciplina-arcano ) es el más descarado defensor de los privilegios de los poderosos y de la destrucción de los pocos derechos que hoy tiene la clase trabajadora. Aunque, ciertamente, Vox es experto en propaganda tan chapucera que alcanza el absurdo. Hace unos días vi un tweet suyo donde decían que habían logrado dos hitos en la defensa de los españoles que ningún otro partido había alcanzado. Los dos hitos eran pactar con el PP el cierre de un centro de menas y la prohibición del rezo de los musulmanes jumillanos en los espacios públicos. De salarios dignos, reparto de la riqueza, servicios públicos de calidad y pensiones decentes ya hablamos otro día. O mejor nunca.
El Presidente de un compañía tenía que hacer balance de mitad de año y andaba preocupado: las ventas llevaban dos años estancadas, con un magro crecimiento del 0,3% en la primera mitad de este año y un 0,1% en la del anterior. Resignado, decidió que el titular que debía dar era el de destacar que este año crecían algo mas:
Pero el Jefe de Contabilidad le dijo que ese titular se podía mejorar bastante, que a fin de cuentas, 0,3% es el triple que 0,1%:
No hay duda dicho de esta forma, los accionistas estarán más contentos. Pero el nuevo joven y ambicioso fichaje de Marketing les aseguró que el tenía un titular aún mejor, que la gente se fija mas en los porcentajes que en otras cosa y 0,3% es un 200% mayor que 0,1%:
El Presidente recuperó el ánimo rápidamente y ahora podría presentar los resultados con cara exultante, y ni siquiera tendría que mentir.
Este pequeño ejemplo es para mostrar la capacidad que tienen las variaciones porcentuales sobre variaciones porcentuales para variar la percepción que se tiene sobre cantidades. Son como una barita mágica que puede transformar la realidad y que la mayoría de las veces que se utiliza es para manipular.
Un ejemplo de ello lo tenemos en esta noticia de Libertad Digital sobre la evolución de los alquileres durante el gobierno de Milei.

Vamos a detenernos en el precio de los alquileres, porque una caída del 75% suena muy impresionante, pero, ¿realmente es así?. Si nos vamos al gráfico que adjuntan podemos ver lo que en realidad están diciendo:

No, los precios de los alquileres no están bajando un 75% entre el cuarto trimestre de 2023 y el segundo de 2025 (los últimos datos del gráfico muestran un crecimiento cercano al 50% interanual), lo que ha bajado un 75% es el propio crecimiento interanual de los precios: de un valor sobre 200% en el cuarto trimestre de 2023 a un valor sobre 50% en el segundo trimestre de 2025 (50/200=0,25). Es decir, están calculando las variaciones porcentuales de las variaciones porcentuales de los precios.
Siempre que se habla del precio de la vivienda aparece la frase “es solo oferta y demanda”. El problema es que esa explicación no encaja bien con este mercado. La oferta de vivienda es muy rígida: no se pueden construir pisos nuevos de un día para otro, y muchas viviendas ya existentes se retiran del alquiler para destinarse a usos más rentables como el turismo. Eso hace que el ajuste recaiga casi siempre en el precio y no en la cantidad.
La demanda, además, no funciona como en otros bienes. Nadie puede decidir “no consumir vivienda” si los precios suben demasiado. Es un bien básico y de primera necesidad, lo que hace que la gente acepte pagar precios que en otro mercado serían inasumibles. Esa inelasticidad permite que los propietarios trasladen subidas sin que la demanda caiga de forma significativa.
Por último, hay un factor especulativo muy fuerte. Los propietarios suben precios no solo porque lo marque la oferta actual, sino porque esperan que “el mercado aguante”. Esas expectativas, sumadas a la falta de parque público y a una regulación débil, generan un círculo donde los precios crecen más por decisiones individuales y por expectativas de beneficio que por una supuesta ley natural de la economía.
Aquí conviene diferenciar entre responsabilidad y culpabilidad. El gobierno es responsable porque define las reglas del juego: sin un parque público de alquiler, con incentivos fiscales mal diseñados y con una regulación débil frente a la especulación, deja que el mercado funcione casi sin contrapesos. Si no se corrigen esos fallos estructurales, los precios seguirán creciendo sin que exista un freno real.
Pero la culpa recae en los caseros cuando deciden subir los precios. Nadie les obliga a pedir 300 euros más de un año para otro, ni a inflar artificialmente el alquiler porque “la zona está de moda”. Esa es una elección individual, y cada casero tiene en su mano decidir si exprime al inquilino o si mantiene un precio justo.
Reducirlo todo a “oferta y demanda” es borrar esa decisión consciente y cargar toda la explicación en una abstracción económica que enmascara la responsabilidad personal.
En mi ciudad con la ultima victoria pepera proliferaron las banderas elefantiásicas en la rotonda , plazuela o avenida de entrada de cada barrio. El Ayuntamiento ha abanderado cada acceso principal, supongo que porque antes de este necesaria inversión los vecinos no sabiamos si viviamos en Bélgica o Kajazastán.
Gracias a Dios, ahora ya lo tenemos claro. La bien conocida eficiencia en el gasto de la gente de bien. O quizá es que son muy aficionados al Risk y en sus despachos tiene un mapa de la ciudad donde van pinchado con alfileritos cada bandera que nos endilgan. Luego dan dos pasos para atrás y contemplan su obra. Ni una bandera republicana… Victoria ! "cautivo y desarmado..." etc.
El caso es que hay vecinos a quien les parece una inversión muy lógica, de hecho alguno se me ofendió cuando le dije que faltaba un arco con «Todo por la patria» pintado y un par de guripas con lanza.
También es verdad que este furor textil estalla durante el coitus interuptus catalán de 2017. En Madrid proliferaron las rojigualdas al poco del estallido equivalente en Cataluña. Y se extendió la la floración de forma bastante espontanea, hay que decirlo. Y es que entre mis paisanos hay mucho que odia lo catalán casi tanto como odia lo francés y desprecia lo magrebí. No nos hicieron un gran favor los indepes a los iconoclastas de las banderitas, no. Los alérgicos a las banderas nunca hemos ganado ninguna guerra pero al menos respetamos el ojo del vecino.
Poco a poco han ido desapareciendo de los balcones, pero como ocurre con los traumas, que no se pueden borrar del todo sin dejar memoria, la banderitis ha liberado una pequeña huella que surgido en un lugar diferente: en el interior de los coches. Ahora muchos de ellos ( me atreveria decir que no menos de un sexto de lo que circula por territorio almeidista) luce una pequeña cinta rojigualda atada al espejo retrovisor. Algo nos quieren decir a los demás con esto. Antes la gente colgaba dados, zuecos, furbys y los mas tradicionales medallitas de la virgen.
Yo a lo más que me he atrevido a colgar ahí , despues del frasquito de olor a pino canadiense, fué un esqueleto que bailoteaba con cada bache. Creo que no nos anima el mismo espiritu, a mí y a los de las banderitas.
Pero pienso que los raritos son ellos.
remadmalditos.wordpress.com/2025/08/31/y-dale-con-las-banderas/
Desde tiempos inmemoriales, hay un bug que pervierte y desvirtúa el normal desenvolvimiento de los artículos en Menéame. Su descripción es simple: en teoría, cuando yo envío un artículo puedo editarlo en cualquier momento ANTES DE QUE llegue a portada del sub. A partir de entonces, no debería poder hacerlo. Pero el bug lo permite, con consecuencias desastrosas para el futuro del artículo. Si lo editas tras su llegada a portada del sub, el artículo salta a portada general sin que tú ganes un ápice de karma. Pero salta de un modo muy particular: ocupa la posición en portada que le habría correspondido si hubiese llegado a ella en el mismo momento en que lo enviaste. Así, si yo edito un artículo que llegó a portada del sub a las 10:00 y resulta que lo envié a las 7:00, saltará a portada general en la posición que le habría tocado si hubiese saltado a las 7:00. De este modo, si han llegado a portada general 2 noticias en ese intervalo, aparecerá directamente en tercera posición.
Como digo, el bug es tan viejo como el sub artículos mismo, pero en las últimas semanas ha cobrado relevancia tras el cambio ejecutado por imparsifal que manda a la cola general todos los envíos de los subs. Así, dos envíos míos han saltado a portada general por culpa del bug. Son éstos www.meneame.net/m/Artículos/discusion-fachosfera-sobre-resistencia-ar y www.meneame.net/m/Artículos/doble-demagogia-sobre-colegio-hijos-pablo
Por otro lado, antros de la deep web donde se reúnen los antivacunas trumpistas, como mediatize, se han hecho eco de la situación (difundiendo, como no podía ser de otro modo, teorías conspiranoicas al respecto) www.mediatize.info/tema/ORANGETERAPY/meneame-abogadro-contraalgoritmia
El motivo de que el bug me haya pillado desprevenido es simple: antes, un artículo mío podía tardar 1 o 2 horas en llegar a la portada del sub. Yo estaba acostumbrado a mandarlo y luego editarlo con calma para corregir erratas en la media hora siguiente, con la certeza de que no llegaría a portada del sub. El problema es que, al ir ahora a la cola general y tener una enorme visibilidad, el artículo llega a portada del sub muy muy rápido, y en ambos casos lo hizo mientras yo tenía abierta la pantalla de edición. Cuando le di a guardar con los cambios, ya había saltado a portada del sub sin que yo lo supiese.
Por mi parte, ya lo tengo controlado y me aseguro de corregir cualquier errata antes de enviar para que no vuelva a saltar el bug. Pero otros usuarios lo desconocen. Es lo que ha pasado con este interesantísimo artículo de Torrezno www.meneame.net/story/nos-estan-metiendo-hoy-vota-1 Lo ha editado sin conocer las consecuencias y ha saltado a portada general en una posición desventajosa (con 6 noticias delante), lo cual le ha quitado muchísima visibilidad.
Queridos dueños, ya conocéis el bug. Ahora...ARREGLADLO!
CAJMHIOJTCTXTFXXJTRLIWVSDJEQVGYKIUURSAFLEBXNCOGDXCFRVSJGNDFEWJUZXHKJCOEBJAVYASVB
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VHTCUUYUHLPNREVHJLQTNTOCTDJRJVFTDCDP
(Debería ir sin saltos de página, pero descabalga la web y los he añadido)
No es cachondeo. Es el mensaje que tengo que descifrar, porque lo añadí a un viejo texto y, cosa previsible, he perdido el documento donde estaba la clave y los rotores de la máquina Enigma empleada, en emulación, para codificarlo.
Se supone que los ingleses, con Turing a la cabeza, descifraban estas cosas en los años cuarenta, a mano o con protocomputadoras.
Yo llevo unas cuantas horas en ello y la IA ni se acerca. Pero ni de lejos.
Pertenece a una noevla publicada y, coño, me gustaría saber lo que puse, aunque fuera de cachondeo, porque el texto original, no lo tengo EN NINGUNA PARTE. Lo que sí recuerdo es que el texto era real y que lo convertí cobn un emulador, en Flash, que existía por aquel entonces.
Si en los años cuarenta descifraban cientos de estos mensajes, y a toda leche, porque los mensajes interceptados hace dos meses ya no te sirvan de nada, ¿Cómo le resulta tan difícil a la IA?
Habrá que darle un par de vueltas más, y quizás tenga miga la cosa para un artículo más largo.
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con cebolla
Elijo con cebolla por razones culinarias más que personales: la cebolla, al pocharse y caramelizarse, aporta una capa de dulzor y umami que realza la combinación básica de huevo y patata. Eso consigue:
Dicho eso, la opción sin cebolla también tiene argumentos válidos: deja que se perciban más claramente el sabor de la patata y el huevo y suele dar una textura más compacta, que algunas personas prefieren. En definitiva, ambas son legítimas; yo recomiendo con cebolla si buscas una tortilla más sabrosa y jugosa, y sin cebolla si prefieres una textura más limpia y pura.
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Con cebolla.
Explicación:
Esta es, por supuesto, una cuestión de gusto personal y es uno de los debates gastronómicos más famosos en España. Sin embargo, puedo argumentar a favor de la cebolla basándome en las razones culinarias y de sabor que defienden sus partidarios:
Es importante señalar que la postura "sin cebolla" es igualmente válida y se basa en la pureza de los sabores básicos (huevo y patata) y en una textura más uniforme. No hay una respuesta correcta universal, pero desde un punto de vista culinario y de popularidad, la versión con cebolla tiene argumentos muy sólidos a su favor.
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Con cebolla.
Razones de mi elección:
A lo mejor soy demasiado viejo ya para estas cosas, o puede que lleve demasiados años encima y debajo del márketing, pero esta idea, tan actual y tan repetida de que la inteligencia artificial no cumple con las expectativas me resulta muy sospechosa. Y lo voy a explicar desde la vieja mentalidad, la de mi época.
El primer motivo por el que puede que se esté extendiendo esta idea, es que sea verdad. La IA no cumple con las expectativas que se han puesto en ella, es todo un enorme hype y no van a afectar al mercado laboral ni a la productividad hasta el punto que llegamos a temer. La pregunta, si esto fuese así, es quién está difundiendo esa verdad, porque la verdad no se difunde sola y hay mucho, mucho esfuerzo en dar a conocer este punto de vista. ¿Los perdedores de la carrera de la IA? ¿El público en general, que ve que los modelos publicados no cumplen con las tareas que se les piden? Puede ser, pero no me queda claro y ahí lo dejo.
El segundo motivo es el de Lucky Strike. No, oye, no os preocupéis, que los riesgos que se mencionan para mi producto no son ni mucho menos los que algunos apuntan. Tranquilo, que la IA no va a ser disruptiva, ni va a traer problemas, ni hace falta regularla. ¿No veis que es todo una chorrada y no funciona como se esperaba? Tranquilos, dejadnos seguir invirtiendo, gastar agua y electricidad y esperad a ver a lo hostia que nos damos, porque estamos gilipollas y vosotros no. Tranquis. Y claro que puede que lo digan de todo corazón y con la máxima sinceridad, pero coño, algo me induce a sospechar de estas cosas.
Creo que la respuesta está a medio camino entre la primera y la segunda opción: por una parte, las cosas no funcionan realmente como se espera, aunque sólo veamos el menos avanzado de cuatro niveles de modelos. En esa cuarta división, que es la más visible, las cosas no van como se promete. ¿Pero qué pasa en la tercera división (la de pago) , la segunda (gubernamental) y la primera (desarrolladores)? ¿Tampoco ahí avanzan las cosas o estamos un poco a oscuras de lo que sucede ahí? Supongamos que en parte, no. Y luego tenemos que, aunque funcione, hay que quitarle el miedo a la sociedad, porque al mismo tiempo que la capacidades de la IA estaban creciendo los miedos.
Y para eso, y sabemos, están los que aseguran que no va a pasar nada porque el tigre es un gatito, un poco grande, pero gatito. Un verdadero clásico del márketing.
Ya veremos...
Fragmento del monólogo de Ignasi Taltavull – Ya no sé ni lo que digo:
Eh, no, yo creo que si queremos de verdad acabar con la ultraderecha, lo que tenemos que hacer es unirnos la gente de izquierdas y la gente no nazi
La gente no nazi ya está en mi equipo, ya es la única exigencia. No eres nazi, eres mi hermano. Tenemos que unirnos y quedarnos con la simbología de la ultraderecha, reivindicarla como propia. Igual que los gays hemos hecho con el “maricón” que ahora lo decimos nosotros, tenemos que hacer lo mismo.
Las feministas en el 8M, esvásticas lilas pintadas en la frente. Ya os llaman feminazis, id hasta el final sin miedo. Carteles de Führer, yo sí te creo. El día del orgullo, banderas del arcoíris con el aguilucho encima. Que la Audiencia Nacional esté en plan, son de los nuestros, que me bajo con la toga bailar, ¿eh?
Y migrantes cruzando el estrecho cantando el cara al sol, cara al sol.¿ No? Que la Guardia Civil esté como si él canta el cara al sol, el inmigrante soy yo.
No, tío, si nos quedamos su simbología les dejamos sin nada.
Esta gente no son de reinventarse, ¿eh?
Y los confundiremos tanto que habrá nazis diciendo:
"Creo que voy a borrarme el tatuaje de Hitler porque parezco maricón."
youtu.be/KY3GAhxNRqk?si=wQrFnsNJZQdmlKg_&t=412
a partir del min 6:52
'Ya no sé ni lo que digo' es el nuevo especial de comedia de Ignasi Taltavull.
Una hora de stand up sobre amor, palomas y homosexualidad, entre otras cosas. Ignasi Taltavull es cómico y guionista, co-creador del podcast La Ruina junto a Tomàs Fuentes, además de los podcast Aquí Estamos y Lejos de Aquí con Adri Romeo. En televisión ha trabajado en Crackòvia y Està Passant (TV3), y en stand-up ha dirigido los especiales de Magí García y Adri Romeo.
Se habla mucho estos dias de la unión de las izquierdas nacionales a la izquierda del PSOE para hacer frente al tandem PP-VOX de cara a las nuevas elecciones, iniciativa lanzada por Rufián. Sin embargo, un problema claro de la izquierda nacional es que ha sucumbido al programa urbanita y se ha olvidado del mundo rural sin programa que le haga ganar votos en ese ámbito, al contrario de lo que ocurre en Euskadi, donde la izquierda abertzale lleva décadas con programa transversal que incluye desde el pueblo más pequeño hasta la gran ciudad.
Mientras en amplias zonas rurales del interior español el voto mayoritario recae en el Partido Popular o en Vox (donde además, por la ley electoral un voto ahí vale mas que en otras zonas y al estár limitado el numero de escaños en esas zonas, quien gana se lleva todo practicamente), muchos pueblos vascos siguen situando como primera fuerza a EH Bildu, una coalición de izquierdas con fuerte arraigo municipal.
En las últimas décadas, la izquierda estatal ha ido concentrando progresivamente su base social y su discurso político en las grandes áreas metropolitanas. Los debates dominantes —movilidad sostenible, reducción del coche, vivienda en altura o reorganización del espacio urbano y otras tematicas— reflejan en gran medida problemas propios de grandes ciudades.
El resultado ha sido una transformación silenciosa: buena parte del proyecto político progresista ha empezado a pensarse desde la experiencia urbana, especialmente desde realidades como Madrid o Barcelona. Las políticas públicas prioritarias —densificación urbanística, refuerzo del transporte público metropolitano o modelos de ciudad compacta— responden a necesidades reales, pero también han reforzado la percepción de que el centro del debate político se sitúa en la vida urbana.
En paralelo, muchas zonas rurales han vivido procesos distintos: envejecimiento, pérdida de servicios y dificultades para mantener actividad económica. Allí, ese discurso urbano no siempre encuentra encaje.
Algunos analistas señalan además que parte de la izquierda nacional ha terminado aceptando, en la práctica, un marco económico heredado de décadas anteriores: crecimiento apoyado en grandes polos urbanos, concentración de empleo y dependencia de áreas metropolitanas como motores económicos.
Paradójicamente, mientras critica desigualdades territoriales, el diseño de muchas políticas públicas ha reforzado dinámicas de centralización. La apuesta por ciudades cada vez más densas y conectadas ha coincidido con un debilitamiento del discurso sobre redistribución territorial o descentralización real del trabajo.
Así, la política acaba orbitando alrededor de los problemas cotidianos de quienes viven en grandes capitales, especialmente en Madrid y Barcelona, dejando fuera experiencias vitales distintas.
El caso vasco muestra un recorrido diferente. Allí, la izquierda no abandonó el ámbito local cuando cambió el ciclo económico y social. Durante décadas, parte del espacio progresista construyó su influencia desde los ayuntamientos, asociaciones vecinales y redes comunitarias.
En muchos pueblos, la política sigue siendo una cuestión cercana: gestión diaria, servicios públicos, cultura local o desarrollo comunitario. Esa presencia constante ha permitido que opciones de izquierdas no sean percibidas como proyectos urbanos importados, sino como actores integrados en la vida cotidiana del territorio.
El resultado es una continuidad poco habitual: la misma sensibilidad política puede encontrarse tanto en barrios urbanos como en localidades pequeñas.
Mientras la izquierda nacional se ha concentrado en la vida urbana y los problemas de las grandes ciudades, la izquierda vasca ha seguido un camino distinto: su evolución no se limita a las capitales, sino que mantiene presencia activa y discurso adaptado desde el pueblo más pequeño hasta la gran ciudad.
Parte de la izquierda vasca ha convivido con un modelo económico más territorializado, donde empleo e industria no dependen exclusivamente de grandes capitales urbanas.
Otra diferencia clave es cultural. En Euskadi, la política local combina cuestiones sociales con identidad territorial. La defensa del entorno cercano, de la comunidad y del arraigo ha permitido que posiciones progresistas conecten también con el mundo rural.
Mientras buena parte del debate progresista estatal se desplazaba hacia cuestiones urbanas y culturales, en Euskadi el discurso social continuó ligado también al trabajo, la industria y el arraigo económico del territorio.
En otras regiones españolas, esa función simbólica —representar y proteger el modo de vida local— ha sido ocupada principalmente por opciones conservadoras, a pesar de que sus politicas son las que han derivado en la España vaciada y el abandono del mundo rural, en favor de la centralización economica en grandes urbes, pero a pesar de esto, el ámbito rural y capital de provincias de la España vaciada siguen otorgando buen puñado de votos a estos partidos de derechas y ultraderecha que hacen el paripé en campaña disfrazandose de terratenientes del campo, subiendose a tractores o visitando vacas, defendiendo a la "remolacha", mientras por otro lado benefician la concentracion en las grandes mega urbes donde la izquierda nacional ha centrado su programa. Se habla del barrio, pero se ha perdido el pueblo. La izquierda no ha sabido denunciar que la "España Vaciada" es el resultado directo del modelo económico neoliberal que la derecha defiende, porque la propia izquierda está demasiado ocupada discutiendo sobre el carril bici de la Castellana.
La izquierda se ha vuelto micro-local urbana. Sabe hablarle al barrio de Lavapiés o de Gràcia, pero no sabe hablarle a una comarca. Ha sustituido la "lucha de clases" por la "lucha por el espacio público urbano".
No cambia tanto la preocupación del votante como quién logra interpretarla.
El contraste sugiere que el giro conservador del mundo rural no es inevitable. Depende, en gran medida, de cómo los proyectos políticos se relacionan con el territorio.
Cuando la izquierda se percibe como urbana y centrada en la vida metropolitana, pierde conexión fuera de las ciudades. Cuando mantiene implantación municipal y discurso territorial amplio, puede conservar apoyo en todos los ámbitos sociales.
La excepción vasca plantea así una cuestión incómoda para la política española: quizá la brecha entre campo y ciudad no sea solo ideológica, sino consecuencia de dónde —y para quién— se está pensando el proyecto político.
Esta realidad plantea además un problema estratégico para la izquierda estatal. Mientras no recupere presencia electoral en el ámbito rural y en las pequeñas y medianas ciudades, su capacidad de construir mayorías amplias seguirá siendo limitada. Depender casi exclusivamente del voto de las grandes áreas metropolitanas convierte cualquier proyecto político en frágil frente a cambios demográficos, económicos o electorales.
A ello se suma un factor cada vez más relevante: el modelo territorial del trabajo. Sin una apuesta clara por la descentralización económica y por el teletrabajo real —no únicamente fórmulas híbridas ligadas a la oficina urbana— resulta difícil ofrecer una alternativa creíble a quienes desean vivir fuera de las grandes capitales sin renunciar a empleos cualificados.
En ausencia de ese horizonte, la concentración de población y oportunidades en pocas ciudades continúa reforzándose, alimentando precisamente la brecha territorial que la propia izquierda dice querer corregir.

Indican en El Economista que la sentencia sobre los aranceles de EEUU hará aumentar la deuda en 2,4 millones. Cantidad ridícula que solo pueden ser billones.
Aunque es algo no raro en El Economista, que aquí se quedan muy cortos, pero en otras ocasiones se pasan cinco pueblos, como en esta tabla sobre de datos económicos de Castilla y León, donde han puesto en las exportaciones millones, cuando deberían ser miles de euros.

(*) Consideraciones antes de ver este vídeo y su transcripción (tras el vídeo):
1- El entrevistado es Scott Ritter, exoficial de Inteligencia de los Marines de los Estados Unidos y exinspector de armas de destrucción masiva en Irak para la ONU, conocido, entre otras cosas, por:
2- La entrevista se realiza en un medio que está bloqueado por la Unión Europea por depender del Estado ruso. El entrevistador es Rick Sánchez, un periodista cubano-norteamericano que vive en Moscú y que actualmente trabaja para RT, tras haber pasado por CNN, MSNBC, Fox News o Univision. Más info en en.wikipedia.org/wiki/Rick_Sanchez_(journalist).
¿Por qué lo pongo, a pesar de todas estas reticencias? Porque, primero, los datos que da sobre los impactos concuerdan con los hechos (fueron 4 los misiles que impactaron); segundo, los datos que da sobre los misiles Tomahawk son ciertos: su combustible restante se utiliza como una especie de bomba termobárica (link) y tiene capacidad de sobrevolar la zona para dar información para la verificación de daños y, si fuera necesario, cambiar de objetivo, o atacar el mismo (link); y, tercero, también es cierto que Hegseth canceló un equipo de comprobación de blancos que hubiera evitado que esa matanza se produjera, el Civilian Protection Center of Excellence (link), arguyendo que no contribuía a su objetivo de "letalidad".
Así que caveat lector, que cada uno lo vea, lo lea y lo crea o no bajo su propia responsabilidad, que para eso está el espíritu crítico.
Transcripción:
"El día en que comenzó la guerra, Estados Unidos lanzó cuatro misiles de crucero contra una instalación que había sido evacuada por el comando de la guardia revolucionaria mucho antes del conflicto. Uno de estos misiles impactó en una escuela.
El cuarto misil... tres misiles, dos misiles impactaron en almacenes vacíos, uno impactó en una escuela. El cuarto misil sobrevolaba el lugar recopilando datos y enviándolos para evaluar los daños causados por la batalla. Los dos almacenes estaban vacíos, no hubo explosiones secundarias, pero en el tercer lugar que impactaron, observaron una acumulación de personas, gente que corría hacia el lugar. Así que ordenaron lanzar el cuarto misil. El cuarto misil subió, bajó e impactó.
El misil estaba diseñado para penetrar con capacidad antibúnker, pero hay un factor adicional en este misil. Nuestros brillantes diseñadores de armas han llegado a la conclusión de que el exceso de combustible de un misil Tomahawk en el momento del impacto puede convertirse en un arma termobárica, un explosivo de aire y combustible.
Así que pulsaron el botón, convirtieron el exceso de combustible en una bomba termobárica, y las personas que vieron corriendo eran los niños que habían sobrevivido al ataque inicial. Fueron a la sala de oración con sus profesores y pidieron a los padres que entraran a recoger a sus hijos. Los padres están en camino. Así que el movimiento que se vio eran los [niños] supervivientes entrando en el edificio, los profesores con ellos, los padres que iban a por ellos y pusimos el cuarto misil de crucero allí, lo convertimos en una bomba termobárica y quemamos vivos a esos niños.
Eso es esta guerra en pocas palabras.
No sabemos lo que estamos haciendo, no sabemos a qué apuntamos, y lo único que hacemos es asesinar a gente.
¿Y sabes por qué ocurrió esto? Porque Pete Hegseth canceló una directiva del Departamento de Defensa que exigía que un equipo civil de mitigación revisara cada objetivo para asegurarse de que no estábamos atacando los objetivos equivocados. Lo calificó de «woke». Lo calificó de ineficaz. Quería ser la fuerza de combate más letal del mundo. Matar, matar, matar.
Bueno, Pete, tú los mataste, a 170 de ellos, niños. Eres un asesino. Eres un criminal de guerra, al igual que Donald Trump y todos los estadounidenses que apoyan esta guerra, porque esta guerra es una guerra ilegal de agresión. No estamos obedeciendo las leyes de la guerra, simplemente estamos masacrando a personas inocentes para apaciguar a un grupo de neoconservadores que tienen una concepción anticuada de cómo debería ser el mundo y que han subordinado completamente los intereses de Estados Unidos a los del Estado de Israel.
Y perdón por perder los estribos. Soy padre de dos niñas y daría caza y mataría a cualquiera que hiciera daño a mis hijas."
Acabo de tener una, entre curiosa y surrealista, conversación con mi peluquero. Según sus "fuentes" el dinero recaudado para los damnificados de la DANA se lo han quedado los "golfos del gobierno". Ha insistido cariacontecido y con una inocultable indignación en sus gestos, que han desaparecido 20 millones de euros y nadie sabe dónde están.
Pillado en renuncio, al no estar muy al tanto de los antecedentes, le empiezo a argumentar.
-Me extraña, ¿sabes por qué? Porque la primera que reclamaría su gestión sería la propia comunidad autónoma.-
-Pues lo puedes ver en Internet.-
-No sé, pero eso es mucha pasta como para que la oposición no hubiera salido en tromba contra el gobierno.-
Bien, estaba bastante picado por la curiosidad y me he puesto a indagar un poco, así como perder el tiempo de una forma bastante ignominiosa, para ver qué sacaba en claro para así poder determinar si la información de la que disponía este hombre podría ser una reinterpretación de muchos hechos, algunos un tanto confusos, deliberadamente publicados por medios como El Debate y The Objetive, así como El Plural.
Sintetizando, ha habido dos cantidades distintas recaudadas por cauces administrativos y reglados.
El primero de 12-13 M€ recaudados y gestionado por la Generalitat en la cuenta oficial abierta por el gobierno de Carlos Mazón.
El segundo de aproximadamente 30 M€ recaudados y gestionados Gobierno Central.
Fuentes como Newtral o Maldita aclaran que el dinero no ha "desaparecido", sino que los procesos de fiscalización administrativa son extremadamente lentos, lo que genera una percepción de falta de transparencia.
Obviamente, El Plural ha insistido con el inicial oscurantismo de la Generalitat y El Debate y The Objetive se han cebado con la elafantiásica demora sobre la transparencia y origen de los fondos por parte del Gobierno Central.
Hay una tercera pata en esta reinterpretación particular de nuestro protagonista del dinero recaudado y creo que aquí es donde está la clave de la obtusa percepción de este buen hombre.
Hay organización, La Revuelta, de ideología ultraderechista y vinculada directamente con Vox, que SÍ ha metido mano en la caja del dinero que recaudó supuestamente para los daminificados. Existiendo grabaciones documentadas de algunos de sus miembros afirmando que, de los cientos de miles de euros recaudados, (es una estimación sin confirmar), gran parte se lo quedaron, no para ayudar a los damnificados, sino para uso propio.
Al parecer, mi estimado peluquero, demostrando un extraordinario ejercicio de creatividad y, probablemente, asaeteado por su intenso sesgo regre, ha reorganizado los datos anteriores en su base de datos mentales con el resultado de elaborar una buena mélange de ideas propias en el que el principal protagonista del montante desaparecido eran los golfos del gobierno, a los que habría que echar cuanto antes. Cuando en realidad, si ha habido unos auténticos golfos, han sido los niñatos neofascistas de esa organización vinculada con el partido verde.
Así de bien gestionadas están las molleras del personal.
Extraido del libro El Arte de Pensar de Rolf Dobelli
Para los habitantes de las Hébridas, un archipiélago al norte de Escocia, los piojos en el pelo forman parte de la vida. Si los piojos abandonan a su huésped, este enferma y tiene fiebre. Por eso, para acabar con la fiebre, los enfermos se ponían piojos en el pelo a propósito. Por lo visto, el éxito dio la razón a los de las Hébridas: en cuanto los piojos anidaban, el paciente mejoraba.
Una investigación sobre las intervenciones de los bomberos en una ciudad dio como resultado que el número de bomberos empleados cada vez estaba en correlación: cuantos más bomberos participaban en la intervención, más daños causaba el incendio. El alcalde impuso inmediatamente una suspensión de la contratación de nuevo personal y redujo el presupuesto.
Las dos historias proceden del libro Der Hund, der Eier legt (El perro que ponía huevos) y muestran la confusión de causa y efecto. Los piojos abandonan al enfermo porque tiene fiebre —simplemente les entra miedo—. Cuando la fiebre ha bajado, regresan. Y cuanto más grande y destructor es el incendio, más bomberos participan —evidentemente no al revés.
Queremos sonreírnos con estas historias, pero la falsa causalidad nos conduce al error casi a diario. Consideremos este titular: «Una buena motivación de los empleados conduce a mayores beneficios empresariales.» ¿De verdad? ¿O no será que quizá los empleados están más motivados porque le va bien a la empresa? Los autores de libros de economía y los asesores suelen funcionar con causalidades falsas —o, al menos, no garantizadas.
En la década de 1990 no había nadie más sagrado que el entonces jefe de la Reserva Federal norteamericana, Alan Greenspan. Sus oscuras declaraciones concedían a la política monetaria la aureola de una ciencia oculta que mantenía al país en la senda segura de la prosperidad. Los políticos, los periodistas y los líderes económicos adoraban a Greenspan. Hoy sabemos que los comentaristas fueron víctimas de la falsa causalidad. La simbiosis de Estados Unidos con China —el productor barato global y acreedor de la deuda norteamericana— desempeñó un papel mucho más importante. Cargando las tintas, Greenspan simplemente tuvo suerte de que la economía funcionara tan bien en su época.
Un ejemplo más. Los científicos han descubierto que los internamientos hospitalarios largos son perjudiciales para el paciente. Una buena noticia para todas las aseguradoras, a las que interesa que las estancias de sus asegurados sean lo más breves posible. Pero naturalmente, los pacientes a quienes se da el alta enseguida están más sanos que aquellos que deben quedarse más tiempo. Y eso no se debe a que los ingresos largos sean menos saludables.
Otro titular: «Demostrado científicamente: las mujeres que usan el champú X a diario tienen un pelo más fuerte.» La relación de causalidad puede corroborarse científicamente, pero no aclara nada, absolutamente nada sobre cómo el champú fortalece el pelo. Puede ser igualmente válido que las mujeres de pelo fuerte tiendan a usar el champú X (quizá porque en la etiqueta pone: «especial para cabello fuerte»).
Recientemente he leído que los escolares que proceden de hogares donde hay muchos libros obtienen mejores resultados académicos. Ese estudio llevó a que los padres corrieran a comprar libros. Un bonito ejemplo de falsa causalidad. Lo cierto es que para los padres con estudios la educación de sus hijos suele ser más importante que para los padres sin estudios. Y los padres con estudios suelen tener más libros que los sin estudios. Los libros no son lo decisivo, sino el nivel educativo de los padres... y de sus genes.
El mejor ejemplo de falsa causalidad es la relación entre la disminución de la natalidad y el retroceso en el número de parejas de cigüeñas en Alemania. Si se trazan ambas líneas de desarrollo entre 1965 y 1987, van casi perfectamente paralelas. ¿Significa eso que las cigüeñas traen a los niños? Claro que no, se trata de una correlación puramente casual y, con seguridad, no hay ninguna causalidad.
Conclusión: la relación no es causalidad. Observe bien. A veces, la flecha del efecto va justo en la dirección contraria. Y a veces ni siquiera hay flecha, como en el caso de las cigüeñas y los bebés.

30 de junio de 2025, Abu Ahmad y su hija... en el café Al-Baqa, Gaza:
Abu Ahmad y su hija soñaron, pero el sueño no se completó.
El anciano Abu Ahmad y su hija fueron juntos a la cafetería Al-Baqa, frente al mar de Gaza.
Se sentaron allí, respirando la brisa, y comenzaron a hablar del compromiso: un joven se había presentado para pedir la mano de su hija.
Con ternura, el padre le preguntó:
- ¿Estás de acuerdo, hija mía? ¿Qué opinas?
Ella respondió con una sonrisa suave:
- Sí, padre, lo amo.
Él casi voló de alegría. Era su hija mayor, su orgullo. Tomó el teléfono inmediatamente y llamó al joven:
- Ven a la cafetería Al-Baqa... quiero hablar contigo en persona, junto a mi hija, antes de los preparativos de la boda.
El joven llegó poco después.
Abu Ahmad le dijo:
- Háblame de ti, hijo. ¿Cuáles son tus planes para la vida con mi hija?
El muchacho respondió con voz firme y ojos brillantes:
- Haré todo lo posible para que su hija sea la mujer más feliz del mundo. Quiero construir una vida de amor y esperanza junto a ella.
El padre sonrió con alivio:
- Entonces, con la bendición de Dios, mañana será el día del contrato matrimonial...
Pero antes de que pudiera terminar su frase, el infierno se abrió de repente. Una explosión, un bombardeo feroz... y los cuerpos volaron por los aires.
Abu Ahmad despertó entre los gritos, aturdido, ensangrentado, mientras la gente corría hacia él:
- ¡Abu Ahmad! ¿Estás bien? ¿Estás vivo?
Miró alrededor con desesperación:
- ¿Dónde está mi hija? ¿Dónde está el joven? Estaban aquí... estaban justo aquí... ¡¿Dónde están?!
Se levantó tambaleándose. La sangre cubría su rostro, y lo que vio lo dejó sin alma: más de cuarenta cadáveres dispersos... la sangre formaba charcos...
Y entonces los vio: la cabeza de su hija, separada de su cuerpo. A su lado, el joven, gravemente herido, apenas respiraba.
Abu Ahmad se acercó, y el muchacho balbuceaba, con voz casi apagada...
El padre de la muchacha le dijo:
- Te casarás con ella... en el Paraíso, si Dios quiere.
Luego, el prometido pronunció la shahada... y murió.
El padre de la novia cayó de rodillas, levantó las manos al cielo:
- Oh Dios... lo acepté como esposo para mi hija... ahora acéptalos a los dos, como pareja el paraíso, en los jardines del Edén...
En medio de este brutal genocidio, seguían intentando dibujar una vida, un futuro... pero tampoco les dio tiempo para soñar.
Entrevista a Abu Ahmad.
Autor: Abu Ahmad (superviviente)
Traducción: Prof. Dr Riad Ali El Aila Al Hakim
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Martín materializó su llegada con un retraso de veinte minutos, una constante cronométrica a lo largo de los quince años de nuestra relación. En su día, fuimos dos licenciados convencidos de que nuestra existencia iba a alterar el curso del mundo. Ahora, él ejercía de subdirector de Innovación Social en una consultora de escala global, y yo coordinaba proyectos para una ONG cuyo principal benefactor era, precisamente, dicha consultora.
Descendiendo del Tesla de su mujer, guardó las llaves en el bolsillo de una chaqueta de lana merino cuyo precio superaba el salario mensual de la camarera que estaba a punto de atendernos. La justificación fue una asamblea sobre vivienda social. "Muy productiva", sentenció con esa pátina de fatiga virtuosa que había perfeccionado. "Hemos aprobado un sistema de turnos de palabra más democrático. Dos minutos por intervención, para garantizar la pluralidad".
Le pregunté por el número final de intervenciones. "Tres", admitió. "Falta cultura participativa". Omitió que él había sido uno de los tres oradores, ocupando siete minutos en exponer la necesidad de ser breves.
El café era un arquetipo del nuevo ecosistema del barrio: ladrillo visto, flora colgante y mesas de madera con un pasado convenientemente reciclado. En la pizarra, el cortado se cotizaba a siete euros y medio. Un establecimiento impensable en nuestros años de estudiante, cuando el aire olía a aceite reutilizado y alquileres asequibles. Ahora, el aroma dominante era una mezcla de café de origen único y gentrificación.
Nos acomodamos junto al ventanal. El exterior ofrecía un desfile de maletas con ruedas, riders eléctricos y algún residente autóctono navegando por su propio barrio como un turista accidental. Una señora de unos setenta años se detuvo, examinó el menú con la perplejidad de un arqueólogo y reanudó su marcha. Quizás recordaba que allí mismo, antes, una mercería le vendía hilos por céntimos.
La camarera se aproximó. Unos veinticinco años, rapado lateral, un flequillo asimétrico y una camiseta de algodón orgánico con un eslogan feminista en un idioma que no era el suyo. Martín la ubicaba. Me había contado su biografía: un máster en Estudios de Género y un trabajo sin contrato en el café. "Dos cortados sin azúcar", ordenó Martín.
Mientras esperábamos, extrajo su iPhone 16 Pro Max. "Preparamos una campaña contra la desinformación", comentó, los ojos fijos en el scroll. "La cantidad de bulos sobre inmigración es alarmante". Acto seguido, retuiteó un artículo titulado "Cinco datos que desmontan los mitos" cuyo enlace, pude ver después, llevaba dos días dirigiendo a un error 404.
En la mesa contigua, una pareja de treintañeros diseccionaba un documental de Netflix sobre la corrupción institucional. Él, con una barba de diseño y una camiseta vintage de los Ramones que seguramente costó más que la discografía completa de la banda, sentenciaba: "La gente no ve la manipulación". Su camiseta lucía el logo de Transparency International, una entidad investigada meses atrás por la gestión de fondos europeos. Ella, ataviada con cuero vegano y gafas de pasta sin graduación de una óptica "con conciencia social", asentía. Como consultora de transparencia, su último encargo había sido para un ayuntamiento que acababa de adjudicar un contrato público a la empresa del cuñado del alcalde. "El problema", concluyó, "es la falta de formación ciudadana".
Llegaron los cafés en tazas de cerámica artesanal, producto de una cooperativa de mujeres guatemaltecas, según un cartel junto a la caja. Siete euros y medio, me repetí. El bar de toda la vida, dos portales más allá, había cerrado hacía tres meses... vendiendo el café a uno cincuenta.
Martín pasó a detallarme el nuevo protocolo contra el discurso de odio en el instituto de su mujer. "Absolutamente necesario. Los adolescentes están muy expuestos". La semana anterior, un alumno había sido expedientado por declarar en un chat que no le gustaba el reguetón. El informe citaba actitudes discriminatorias hacia expresiones culturales minoritarias. "Hay que educar en la tolerancia", prosiguió. Se había inscrito a un curso de "Comunicación no violenta" impartido por una coach que cobraba doscientos euros por sesiones de "descolonización emocional".
Un grupo de estudiantes de Sociología tomó la mesa del fondo, llegando en dos Ubers para evitar, según proclamó una de ellas, "el metro, que estaba lleno de gente rara". Venían a preparar un trabajo sobre el clasismo en la España contemporánea. La líder del grupo, con un bolso de Oxfam y zapatillas veganas de ciento ochenta euros, dirigía la sesión desde su piso heredado en Malasaña, valorado en medio millón de euros. Su tesis: "Gentrificación y desplazamiento de población vulnerable". "La gente no es consciente de sus privilegios", aleccionaba mientras sorbía un smoothie de doce euros. Su padre era socio de un bufete especializado en recalificaciones urbanísticas.
Martín cambió de tema, elogiando el colegio progresista de su hijo. "Tienen un programa antibullying excelente". El curso anterior, la única alumna gitana de la clase había sido discretamente reubicada en otro centro por dificultades de integración que "generaban conflictos". "La diversidad es fundamental", sentenció Martín, "pero los ritmos de cada niño son los ritmos de cada niño". El centro, concertado y de ideología católica-no-practicante, costaba quinientos euros mensuales. La mayoría de los padres eran votantes de izquierda y asiduos a manifestaciones por la educación pública.
La camarera, sin que se lo pidiéramos, depositó la cuenta. Había escuchado el final de nuestra charla sobre el machismo en el sector tecnológico —Martín acababa de lamentar que el 80% de los directivos de su empresa fueran hombres—. Su turno acababa; le esperaba su segundo empleo cuidando niños en un dúplex de Chamberí. Martín no dejó propina y mientras se ponía la chaqueta, observó: "A estas nuevas generaciones les falta cultura del esfuerzo". Acababa de denegar una solicitud de remuneración a su becaria, que llevaba ocho meses trabajando gratis.
Al salir, un vendedor senegalés exhibía su mercancía sobre una manta. "Vamos andando", propuso para evitar el metro, que a esa hora, según murmuró, se llenaba de gente que daba cringe. El paseo, explicó, era un acto de resistencia contra "el capitalismo salvaje del transporte".
Caminamos por una Gran Vía en obras, flanqueados por obreros, mayormente rumanos y ecuatorianos. "Es una pena la desindustrialización", comentó Martín. "La clase trabajadora siempre paga las políticas neoliberales". Nos despedimos en la puerta de su oficina, una torre de cristal donde se diseñaban estrategias de comunicación para petroquímicas que necesitaban lavar su imagen tras vertidos en el delta del Níger. En el vestíbulo, una pantalla proyectaba un bucle sobre sostenibilidad con "Imagine" de fondo.
Tarde casualdera, scroll sin expectativas. Entro a X (o RX, o como se llame ahora que fue comprada por el niño rico de las minas de esmeraldas). Y me topo con esta ranciedad que casi salta de la pantalla a pegarme un lametón de testosterona revenida:

Y aún habrá quien diga que el feminismo ya no hace falta. Que la cosificación de la mujer es cosa de “wokes” y “feminazis amargadas”. Que ahora las charos lo tienen todo ganado y lo único que buscan son paguitas y cuota.

Pero, si se rasca un poco, lo que aparece debajo de estos tuits no es solo misoginia. Es una estructura del deseo profundamente jerárquica y delirante, donde las mujeres no existen como personas, sino como categorías a dominar. El patrón es siempre el mismo: cuanto más ideológicamente autónoma es una mujer, más excitante resulta fantasear con someterla. "Las rojas me la ponen más" no es una frase inocente: es el eco de esa fantasía de humillación sexual como castigo por pensar diferente. Ecos de un pasado grecorromano en el que funcionaba exactamente así, tal cual.
Lo que les pone no es la mujer. Lo que les pone es la idea de doblegarla. Les erotiza el conflicto solo si pueden ganarlo. Quieren hacerles aceptar sus discursos, sus ideas, y si no pueden, al menos sus genitales, a ver si con esa "doma" se les mete algo de “sentido común” a ellas.

Este tipo de hilos no solo huelen a cerrado. Huelen a miedo. A masculinidad caída, y literalmente — escúchese aquí la flautilla bajando a graves — Que solo se sienten bien fantaseando y brabuconeando con otros hombres que piensan similar. A hombres que no entienden cómo ser deseables sin subordinar a la otra persona. Que siguen creyendo que el sexo es una batalla donde si no dominas, pierdes. Hombres cuya polla hace tiempo que dejó de ser un órgano de placer o de encuentro, y pasó a ser un arma ideológica.
Lo más triste es cuando muchas de estas masculinidades ni siquiera han vivido más allá del del sexo con su propia mano, y ya están coaccionadas por redes sociales y un contenido hipersexualizado al que acceden mucho antes de alcanzar la madurez..
Y uno se pregunta —como hombre cis hetero, de hecho me lo pregunto muy fuerte—:
¿Cómo no se han puto vuelto ya todas lesbianas?
Y antes de que os lancéis con el #NotAllMen, que quede claro —aunque estaría muy claro si realmente se hubiera leído algo de feminismo alguna vez—: el “no todos los hombres” no es una excusa.
Se siguen sosteniendo las microestructuras de poder cuando se mira hacia otro lado ante este tipo de desmanes. El pacto patriarcal también es eso: el silencio cómplice, la risa forzada, el "mejor no me meto".
Hoy, sinceramente, solo quiero vomitar con lo que he leído.
Y espero no tener que soportar el clásico “yo tengo madre, hermana, prima o sobrina” para justificar esta basura, porque todos las tenemos. Y aun así, eso difícilmente nos ha impedido reproducir esta violencia simbólica en las redes sociales, ni nos ha dado por pensar que quizás, solo quizás, la soledad no afecta solo a los hombres, o las mujeres.
Está afectando a toda la gente sin empatía.
Hace poco, el mes pasado… No, en junio, tuve que escribir una escena complicada por muchas razones que ahora no vienen al caso.
Intentaba explicarle a uno de los productores que la escena debía ser contada, narrada desde la óptica del personaje (llamémosle Hache), un señor que adoraba el capitalismo en su pequeña zapatería de ciudad de tamaño medio. Pero que odiaba a muerte que otro empresario hubiera montado otra zapatería dos portales más allá del suyo, mostrando en la historia que el personaje no era capitalista de verdad, donde la competencia liberal es el alma (o una de las almas) del sistema. Acudí con citas sobre capitalismo clásico, citas sobre la competencia y el libre mercado y un largo etcétera para convencerlo de que la escena estaba bien y que conectaría con el público, haciéndoles caer en la cuenta de que ese zapatero (usé la broma) era un capitalista de alpargatas. El productor me miró con esa cara que ponen cuando te van a leer la biblia (la de la b mayúscula, la de los productores, no la de nuestro trabajo, que es con b minúscula) y comenzó a recitar “Productutis 6:21-22”.
“¿Sabes lo que mueve el mundo? La envidia. El capitalismo no es más que una forma de envidia. Yo no soporto, no puedo soportar que el productor Zeta tenga casoplón en Ibiza, y él no soporta que yo sea más guapo que él. Él busca su consuelo, ya sabemos cómo, y yo busco el mío intentando comprar en Canarias una casa más grande que la suya y con un yate mayor que el suyo. Por eso esa escena no le va a funcionar a la serie, un (taco malsonante) zapatero capitalista, venga, hay que rehacer todo eso. Que Hache tenga de amante a la mujer de la otra tienda de zapatería.”
Nunca dejan de sorprenderme y mira que llevo años, muchos, lidiando con ellos.
menéame