No es la imagen la que cambia, sino tu mirada: un nuevo experimento visual muestra hasta qué punto el color que creemos ver es, en realidad, una delicada invención de la mente. Ver no consiste en registrar pasivamente la luz, sino en reconstruirla. Y en esa reconstrucción, el cerebro rellena, compensa, exagera y decide. El resultado es un pequeño espejismo cromático que convierte una imagen estática en un campo de batalla entre la física y la percepción. Nuestro cerebro no juzga un color de forma aislada, sino en relación con el contexto.