Esta inacción genera desafección. La generación inquilina no se puede ir de casa de sus padres. Si se va, se va a compartir piso y a pagar la mitad del sueldo en una habitación de un barrio periférico por 600 euros. Y aquí entra la extrema derecha a decir que el problema no es el rentismo, es de los jubilados que cobran demasiado o de los migrantes que te quitan las casas. Y esto está surtiendo efecto, cuando el Gobierno de izquierda tendría que estar cambiando el modelo y enfrentándose a los especuladores.