Cuando se detuvo la extracción de petróleo superpesado de Venezuela, este cuajó, se convirtió en alquitrán y luego en asfalto. Las refinerías y las tuberías quedaron obstruidas e inservibles, una destrucción que Trump provocó al impedir que Venezuela comprara el equipo necesario para mantener las líneas. Ahora, Trump busca intimidar a las compañías petroleras estadounidenses para que inviertan hasta 100.000 millones de dólares para restaurar la infraestructura petrolera que él mismo destruyó.
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