El incidente apunta directamente a una de las problemáticas sociales más urgentes de Japón: la crisis de cuidados para la población anciana. Japón lucha contra un ritmo de envejecimiento demográfico extremadamente acelerado. Creado una realidad social cada vez más común: personas de edad avanzada, muchas con capacidades físicas limitadas, se ven obligadas a cuidar de sus parientes aún más mayores. La sobrecarga genera unos niveles de estrés, agotamiento físico y mental y aislamiento social que pueden llegar a ser insoportables.
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