El nitrógeno es materia prima de proteínas y ADN. Sin él, no hay cultivos ni ecosistemas funcionales. Pero tampoco sirve en exceso o mal sincronizado. Cuando su equilibrio se rompe, los rendimientos agrícolas se resienten, los ríos se eutrofizan y la atmósfera recibe más gases de efecto invernadero. Un problema discreto, pero con efectos en cascada.
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