Una especie de mercenario que habla de cualquier tema buscando más lo que espera el show de la tele de él que el servicio divulgativo que puede proporcionar a la sociedad. Y, al final, la propia televisión lo sufre: pues la dinámica de tertulias empezará a ser previsible, pues los perfiles de contertulios remiten a trincheras ideológicas o demagógicas que se ven venir de lejos. Se quedan en el lugar común pronosticable en vez de desafiar el espíritu crítico del espectador. Los prescriptores terminan siendo por inercia siempre los mismos
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