Europa está hoy en el punto más paradójico de su historia moderna: insiste en librar una guerra que no puede ganar, con una estrategia que no puede tener éxito, para preservar una narrativa que ya no puede permitirse cuestionar. El conflicto de Ucrania pone de manifiesto algo más que error de cálculo estratégico. Ha dejado al descubierto un continente atrapado en una red de compromisos psicológicos, rigidez institucional y absolutismo ideológico. Europa ha perdido su brújula moral, sustituida por doctrinas que ya no puede controlar.
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