Frases y fragmentos de libros
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La ética de matar

Me someto a la ética, pero no comprendo en modo alguno por qué es más glorioso bombardear una ciudad sitiada que asesinar a alguien a hachazos”.

-Crimen y Castigo, Fiodor Dostoievski-

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Sobre el adoctrinamiento escolar

Manuel de Castro, presidente de Escuelas Católicas de Madrid, ha reclamado “el consenso ético, social y científico imprescindible para no imponer conceptos y posicionamientos de marcado sesgo ideológico”.

Visto aquí

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El brahmín

Era en el norte de la India, allí donde las montañas son tan elevadas que parece como si quisieran acariciar las nubes con sus picos.

En un pueblecillo perdido en la inmensidad del Himalaya se reunieron un asceta, un peregrino y un brahmín.

Comenzaron a comentar cuánto dedicaban a Dios cada uno de ellos de aquellas limosnas que recibían de los fieles.

El asceta dijo:

-Mirad, yo lo que acostumbro a hacer es trazar un círculo en el suelo y lanzar las monedas al aire. Las que caen dentro del círculo me las quedo para mis necesidades y las que caen fuera del círculo se las ofrendo al Divino.

Entonces intervino el peregrino para explicar:

-Sí, también yo hago un círculo en el suelo y procedo de la misma manera, pero, por el contrario, me quedo para mis necesidades con las monedas que caen fuera del círculo y doy al Señor las que caen dentro del mismo.

Por último, habló el brahmín para expresarse de la siguiente forma:

-También yo, queridos compañeros, dibujo un círculo en el suelo y lanzo las monedas al aire. Las que no caen, son para Dios y las que caen las guardo para mis necesidades.

“El Maestro dice: Así proceden muchas personas que se dicen religiosas. Tienen dos rostros y uno es todavía más falso que el otro.”

Cuento clásico de la India

 

 

 

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Cuento - "El gato del gurú"

Cuando, por las tardes, el gurú se sentaba para las prácticas del culto, siempre andaba por ahí el gato del ashram distrayendo a los fieles. De manera que ordenó que ataran al gato durante el culto de la tarde.

Mucho tiempo después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato durante el referido culto. Y cuando el gato murió, llevaron otro para atarlo durante el culto vespertino.

Siglos más tarde, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización de un culto como es debido.

Sabiduría de los cuentos sufíes, Oscar Brenifier e Isabelle Millon

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Esperma robado

"Si algunas veces han nacido niños de cópulas con demonios, ello no se debe al esperma emitido por éstos o por los cuerpos que han asumido, sino por esperma robado de algún otro humano para este propósito". Tomás de Aquino, Summa Theologica (1265–1274)

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Benavente y el paso

 Andaba un dia Don Jacinto Benavente por las calles de Madrid cuando vio venir a un conocido periodista apodado "el caballero audaz".

Grande, enérgico y grandilocuente, peleón, espadachín, jactancioso y muy pagado de sí mismo,

El periodista se plantó ante Don Jacinto y le espetó enérgicamente:

«Yo no le cedo el paso a maricones».

 Don Jacinto lo miró, se bajó de la acera y dijo:

«Pues yo sí».

De "Historias de la historia".

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Cita de Eduardo Sacheri

“El ‘pero’ es la palabra más puta que conozco, ‘te quiero, pero…’; ‘podría ser, pero…’; ‘no es grave, pero…’

¿Se da cuenta? Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es”.

Eduardo Sacheri

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Patriotismo (Samuel Johnson)

Patriotismo (Samuel Johnson)

El patriotismo es el último refugio de los canallas.
Samuel Johnson
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Cita de Charles Bukowski

“Todos vamos a morir. Todos nosotros, ¡qué circo!

Eso debería hacer que nos amáramos los unos a los otros, pero eso no pasa. Estamos aterrados por las trivialidades. Nos dejamos comer por la nada”.

Charles Bukowski

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Cita de mierda

" El día en que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo"

Gabriel García Márquez

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El cuento de buda y el hombre que le escupió en la cara

En una ocasión un hombre vino a Buda y le escupió en la cara. Sus discípulos, por supuesto estaban enfurecidos.

Ananda, el discípulo más cercano, dirigiéndose a Buda dijo: ¡Esto pasa de la raya! Y estaba rojo de ira y prosiguió: ¡Dame permiso! ¡Para que le enseñe a este hombre lo que acaba de hacer!

Buda se limpió la cara y dijo al hombre: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

Has creado, una situación, un contexto, en el que he podido comprobar si todavía puede invadirme la ira o no, y no puede, y te estoy tremendamente agradecido, y también has creado un contexto para mis discípulos, principalmente para Ananda, mi discípulo más cercano.

Esto le permite ver que todavía puede invadirle la ira ¡Muchas gracias! ¡Te estamos muy agradecidos! Y siempre estás invitado a venir. Por favor, siempre que sientas el imperioso deseo de escupirle a alguien, puedes venir con nosotros.

Fue una conmoción tal para aquel hombre… No podía dar crédito a sus oídos, no podía creer lo que estaba sucediendo, había venido a provocar la ira de Buda, y había fracasado.

Aquella noche no pudo dormir, estuvo dando vueltas en la cama, los pensamientos le perseguían continuamente: El escupir a Buda, una de las cosas más insultantes, y que el Buda permaneciese tan sereno, tan en calma como lo había estado antes, como si no hubiese pasado nada…

El que Buda se limpiase la cara y dijera: “GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, cuando sientas ganas de escupir a alguien, por favor ven a nosotros”, se acordaba una y otra vez…

Aquella cara tranquila, serena, aquellos ojos compasivos, y cuando Buda le dio las gracias, no fue una formalidad, le estaba verdaderamente agradecido, todo su ser le decía que estaba agradecido, Buda desprendía una atmósfera de agradecimiento.

A la mañana siguiente, muy temprano, volvió precipitado, se postró a los pies de Buda y dijo: Por favor, perdóname, no he podido dormir en toda la noche.

Buda respondió, no tiene la menor importancia, no pidas perdón por algo que ya no tiene existencia.

¡Ha pasado tanta agua por el río Ganges! Mira, ¡discurre tanta agua a cada momento! Han pasado 24 horas, ¿por qué cargas con algo que ya no existe?, ¡no pienses más en ello!

Y, además, yo no te puedo perdonar, porque, en primer lugar, nunca llegué a enojarme contigo, si me hubiera enojado te podría perdonar, guarda la experiencia y aprende profundamente de estos hechos y del agradecimiento.

Sé agradecido con todos. Agradece, agradece, agradece con aquellos que te han ayudado, con aquellos que te han puesto obstáculos, ellos son verdaderos maestros, todo lo que te disgusta refleja tu ego… Todos los que han sido indiferentes contigo. Sé agradecido con todos, porque todos juntos están creando el contexto en el que nacen los budas, en el que tú puedes convertirte en Buda.

Buda, Nepal, siglo sexto (500) A.C.

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La pulsera (Cuento Chino)

Un joyero venía observando ya durante un tiempo, cómo una niña se detenía delante del escaparate de su establecimiento y se quedaba mirando una bonita pulsera de oro.

Así pasaron varias semanas hasta que, un día, la niña se decidió a entrar:

-¡Hola! -dijo la pequeña.

-¡Hola! -contestó educadamente el joyero-. ¿En qué puedo ayudarte?

-¿Me puede usted enseñar esa pulsera que hay en el escaparate, la dorada?

-Claro que sí -le respondió.

La niña la cogió y comenzaron a temblarle las manos mientras la acariciaba con sus dedos.

En ese momento el joyero pudo ver como unas lágrimas de emoción brotaban de sus ojos.

-Es que me gustaría regalársela a mi madre, pues hoy es su cumpleaños y me está ayudando mucho en mis estudios. Se pasa el día trabajando, y cuando llega cansada por la tarde se queda conmigo haciendo los deberes hasta que consigo entenderlos.

-Sí, seguro que le encantará, es preciosa -le contestó el joyero.

-¿Cuánto vale? -preguntó la niña.

-¿Cuánto tienes? -le respondió el hombre.

La niña sacó una pequeña bolsa repleta de monedas y las dejó sobre el mostrador.

-Es que he estado ahorrando durante muchos meses.

-Bien, veamos qué hay por aquí... -contestó el joyero mientras contaba el dinero- a ver... ¿no tienes nada más, pequeña?

-Bueno, sí, espere... -dijo mientras metía sus manos en los bolsillos y continuaba sacando varias monedas más, un pequeño billete arrugado, un anillo de plástico, un coletero rosa y dos caramelos de fresa.

-A ver... creo que sí, creo que con esto será suficiente -le respondió el joyero mientras recogía todo lo que la niña había dejado en el mostrador- ¿Quieres que te la envuelva para regalo?

-¡Sí, sí! -exclamó la niña ilusionada.

Tras unos minutos, el joyero le dio el paquete y la pequeña se llevó la joya.

A la mañana siguiente, la madre de la niña se presentó en el establecimiento con la pulsera en su estuche.

-Hola -saludó nada más entrar.

-Hola -le saludó también el joyero-, ¿en qué puedo ayudarle?

-Verá, es que ayer por la tarde, mi hija me regaló esta pulsera para mi cumpleaños y me dijo que la había comprado aquí.

-Sí, así es -contestó el joyero mientras la observaba-, yo mismo se la vendí.

-Pero... pero creo que debe haber un error porque... esta pulsera es de oro, ¿verdad?

-Sí, por supuesto, aquí solo vendemos productos de primera calidad.

-Entonces no lo entiendo, mi hija jamás podría pagar una joya así, no tiene tanto dinero, ¿cuánto le ha costado?

-Verá -le contestó seriamente el joyero-, en este establecimiento tenemos por costumbre mantener la confidencialidad de nuestros clientes, así que, sintiéndolo mucho, no puedo darle esa información.

-Pero... -protestó la madre.

-Lo que sí puedo decirle es que su hija pagó por esta pulsera el precio más alto que puede pagar una persona.

-¿Qué quiere decir? -contestó la madre preocupada.

-Su hija me dio todo lo que tenía.

Cuento popular

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Bancarrotas en USA, 2007

Referencia nº38 del prólogo de "El precio de la desigualdad", Joseph Stiglitz.

Himmelstein et al. estiman de forma conservadora que el 62,1% de todas las bancarrotas bancarias en 2007 fueron médicas, esto es, los factores médicos contribuyeron de forma importante a ellas. Más aún, "la mayoría de deudores médicos tenían una buena educación, tenían propiedades, y empleos de clase media. Tres cuartos tenían seguro médico. Usando definiciones identicas, entre 2001 y 2007, el porcentaje de bancarrotas atribuibles a problemas médicos aumentó en un 49,6%". D. Himmelstein, D. Thorne, E. Warren y S.Woolhandler, "Medical Bankruptcy in the United States, 2007: Results of a National Study,"American Journal of Medicine 122, no. 8 (2009): 741-46. Para buscar una medida más casual, i.e., estimando el efecto directo de un "shock médico" en la decisión de declarse en bancarrota o no, Gross y Notowidigdo encuentran que "el copago de los gastos médicos fueron esencialmente fundamentales en, aproximadamente, el 26% de las bancarrotas personales en los hogares de clase baja". T. Gross and Matthew J. Notowisigdo, "Health Insurance and the Consumer Bankruptcy Decision: Evidence from Expansions of Medicaid," Journal of Public Economics 95, nos. 7-8 (2011): 767-78.

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Angelito de Dios

Yo también fui niño, un «angelito de Dios».

En la escuela, la maestra nos eseñó que Balboa, el conquistador español, había visto, desde una cumbre de Panamá, a un lado el océano Pacífico, y al otro lado el océano Atlántico. Él había sido, dijo la maestra, el primer hombre que había visto esos dos mares a la vez.

Yo levanté la mano:

-Señorita, señorita.

Y pregunté:

-Los indios, ¿eran ciegos?

Fue la primera expulsión de mi vida.

Eduardo Galeano

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La ecuanimidad de la Ley

La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan".

(ANATOLE FRANCE Jacques Anatole Thibault (1844-1924)

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El odio...

Creo que el odio es un sentimiento que solo puede existir en ausencia de toda inteligencia.

Tennessee Williams

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Los tres filtros

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos.

Un día, un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo: ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

Espera un minuto -replicó Sócrates-. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

¿Triple filtro?, preguntó el conocido.

Correcto -continuó Sócrates-. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir, es por eso que lo llamo el examen del triple filtro. El primer filtro es la verdad ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y…

Está bien -dijo Sócrates-. Entonces realmente no sabes si es cierto o no. El segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

No, por el contrario…

Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. El tercer filtro de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

No, la verdad es que no.

Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil, ¿para qué querría saberlo?

Historia atribuida a Sócrates

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Cita sobre la paz

"La verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión, es la presencia de la justicia".

Martin Luther King Jr.

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Matar a un ruiseñor

"Uno es valiente cuando, sabiendo que ha perdido ya antes de empezar, empieza a pesar de todo y sigue hasta el final pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence".

Harper Lee, Matar a un ruiseñor

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El cuenco de madera

Un hombre ya muy mayor, al ver que no podía valerse por sí mismo, decidió irse a vivir con la familia de su hijo.

Los años habían pasado y su vista estaba muy cansada, caminaba muy lentamente y en muchas ocasiones le temblaba todo el cuerpo.

Pero el gran problema venía cuando toda la familia se sentaba a la mesa, pues a él le costaba masticar y eso le obligaba a hacer mucho ruido cuando tenía la comida en la boca. Además, al coger los cubiertos con sus manos temblorosas, muchas de las veces se le caían al suelo, tiraba la sopa o derramaba toda el agua del vaso.

El pobre hombre se sentía tan inútil... sobre todo cuando pensaba en lo fuerte y ágil que había sido de joven, en todas las cosas que había conseguido hacer. No le gustaba nada ser tan dependiente de los demás, pero no podía hacer otra cosa.

Un día, su nuera, convenció a su marido de que no comiera con ellos.

-¡Ya no lo soporto más! -le dijo-, siempre hay comida por el suelo, se moja la ropa, no deja de tirar cubiertos... y además, mastica tan lento, que al final si decidimos esperarlo siempre llegamos tarde al trabajo.

Finalmente, tras las continuas quejas de su mujer, el hijo del anciano decidió ponerle una pequeña mesa en otro cuarto y comprarle un tazón de madera.

Así, pensó, instalado en otra habitación ya podrá comer a su ritmo, y con el tazón de madera ya no pasará nada si se le cae al suelo, puesk este no se romperá y no habrá que estar recogiendo los trozos.

Así pues, a los pocos días, el anciano comenzó a comer solo en eblotro cuarto.

Aunque él no hablaba, sus ojos lo decían todo, pues de vez en cuando miraba a su hijo y se le saltaban las lágrimas.

De hecho, a partir de aquel momento comenzó a comer menos, no solo porque le costara más, sino por la tristeza de verse allí solo, apartado de su hijo, de su nuera y, sobre todo, de su nieto.

La familia intentaba mirar hacia otro lado como si no pasara nada y el único que de vez en cuando preguntaba por el abuelo era e lnieto.

Pero las respuestas eran todas muy prácticas: así está mejor, come a su ritmo, no se pone nervioso...

Fueron pasando las semanas hasta que un día, los padres vieron como su hijo llevaba toda la tarde jugando con dos trozos de madera, los había estado modelando a base de golpearlos aquí y allí.

-Vaya, ¿qué es eso? -le preguntaron.

-Esto es para vosotros.

-¿Ah, sí?

-Sí, estos son los dos tazones donde vosotros comeréis cuando yo tenga mi familia y seáis mayores. Y así, yo estaré en el comedor y vosotros podréis estar en ese rincón donde ahora come el abuelo. A partir de aquel momento volvieron a comer todos juntos.

Cuento zen

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Requiem por un campesino español (Fragmento)

―En mala hora lo veo a usted ―dijo al cura con una voz que mosén Millán no le había oído nunca―. Pero usted me conoce, mosén Millán. Usted sabe quién soy.

―Sí, hijo.

―Usted me prometió que me llevarían a un tribunal y me juzgarían.

―Me han engañado a mí también. ¿Qué puedo hacer? Piensa, hijo, en tu alma, y olvida, si puedes, todo lo demás.

―¿Por qué me matan? ¿Qué he hecho yo? Nosotros no hemos matado a nadie. Diga usted que yo no he hecho nada. Usted sabe que soy inocente, que somos inocentes los tres.

―Sí, hijo. Todos sois inocentes; pero ¿qué puedo hacer yo?

―Si me matan por haberme defendido en las Pardinas, bien. Pero los otros dos no han hecho nada.

Paco se agarraba a la sotana de mosén Millán, y repetía: “No han hecho nada, y van a matarlos. No han hecho nada”. Mosén Millán, conmovido hasta las lágrimas, decía:

―A veces, hijo mío, Dios permite que muera un inocente. Lo permitió de su propio Hijo, que era más inocente que vosotros tres.

Paco, al oír estas palabras, se quedó paralizado y mudo. El cura tampoco hablaba. Lejos, en el pueblo, se oían ladrar perros y sonaba una campana. Desde hacía dos semanas no se oía sino aquella campana día y noche. Paco dijo con una firmeza desesperada:

―Entonces, si es verdad que no tenemos salvación, mosén Millán, tengo mujer. Está esperando un hijo. ¿Qué será de ella? ¿Y de mis padres?

Hablaba como si fuera a faltarle el aliento, y le contestaba mosén Millán con la misma prisa enloquecida, entre dientes. A veces pronunciaban las palabras de tal manera, que no se entendían, pero había entre ellos una relación de sobrentendidos. Mosén Millán hablaba atropelladamente de los designios de Dios, y al final de una larga lamentación preguntó:

―¿Te arrepientes de tus pecados?

Paco no lo entendía. Era la primera expresión del cura que no entendía. Cuando el sacerdote repitió por cuarta vez, mecánicamente, la pregunta, Paco respondió que sí con la cabeza. En aquel momento mosén Millán alzó la mano, y dijo: Ego te absolvo in... Al oír estas palabras dos hombres tomaron a Paco por los brazos y lo llevaron al muro donde estaban ya los otros. Paco gritó:

―¿Por qué matan a estos otros? Ellos no han hecho nada.

Uno de ellos vivía en una cueva, como aquel a quien un día llevaron la unción. Los faros del coche –del mismo coche donde estaba Mosén Millán- se encendieron, y la descarga sonó casi al mismo tiempo sin que nadie diera órdenes ni se escuchara voz alguna. Los otros dos campesinos cayeron, pero Paco, cubierto de sangre, corrió hacia el coche.

―Mosén Millán, usted me conoce ―gritaba enloquecido.

Quiso entrar, no podía. Todo lo manchaba de sangre. Mosén Millán callaba, con los ojos cerrados y rezando. El centurión puso su revólver detrás de la oreja de Paco, y alguien dijo alarmado:

―No. ¡Ahí no!

Se llevaron a Paco arrastrando. Iba repitiendo en voz ronca:

―Pregunten a mosén Millán; él me conoce.

Se oyeron dos o tres tiros más. Luego siguió un silencio en el cual todavía susurraba Paco: “Él me denunció... Mosén Millán, mosén Millán...”.»

Ramón J. Sender

Réquiem por un campesino español

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Leyenda del Roble y el Tilo

Cuenta Ovidio que Júpiter, cansado del néctar y la ambrosía del Olimpo y también un poco harto de escuchar a todas horas la lira de Orfeo, decidió darse un paseo por la Tierra.

Tomó la apariencia de un pobre vagabundo y empezó a pedir asilo y comida en las casas que fue encontrando, pero nadie le atendió.

Por fin llegó a una humilde choza, la más pobre de las que había encontrado.

Era de un matrimonio de edad avanzada. El matrimonio no sólo le dio cobijo al dios, que no sabían que era un dios, sino que pusieron ante él todo cuanto tenían: aceitunas, unos rábanos, una col……

Entonces les contó que él era Júpiter y que como agradecimiento les concedería todo cuanto quisieran.

La petición de la pareja fue esta: "No consientas que ninguno de los dos quede solo ni un día: concédenos morir juntos".

…Y pasó el tiempo, y un buen día la pareja, ya muy viejecita, estaba recordando la felicidad de su vida, el amor que siempre se tuvieron, cada uno se dio cuenta de que el otro se iba llenando de hojas; después una corteza los cubrió.

Apenas tuvo tiempo él de decirle: "Adiós, querida compañera, y gracias por tu amor…" porque nada más salir estas palabras de sus labios los dos se transformaron en árboles, pero ya estaban juntos para la eternidad, porque el roble y el tilo tenían un solo tronco.

Ovidio, Las metamorfosis (Libro VIII)

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Ganarse la vida

Deberíamos acabar con la idea absolutamente engañosa de que todo el mundo tiene que ganarse la vida.

Hoy en día es un hecho que uno de cada diez mil de nosotros puede crear un avance tecnológico capaz de sustentar a todos los demás. Los jóvenes de hoy tienen toda la razón al reconocer esta tontería de ganarse la vida. Seguimos inventando puestos de trabajo debido a esta falsa idea de que todo el mundo tiene que estar empleado en algún tipo de trabajo pesado porque, según la teoría Malthusian-Darwinista, debe "justificar su derecho a existir". Así que tenemos inspectores de inspectores y gente que fabrica instrumentos para que los inspectores inspeccionen a los inspectores. El verdadero negocio de la gente debería ser volver a la escuela y pensar en lo que fuera que estuvieran pensando antes de que alguien viniera y les dijera que tenían que ganarse la vida.

-- Richard Buckminster Fuller

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El gato del gurú

Cuando, por las tardes, el gurú se sentaba para las prácticas del culto, siempre andaba por ahí el gato del ashram distrayendo a los fieles. De manera que ordenó que ataran al gato durante el culto de la tarde.

Mucho tiempo después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato durante el referido culto. Y cuando el gato murió, llevaron otro para atarlo durante el culto vespertino.

Siglos más tarde, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización de un culto como es debido.

Cuento sufí

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Fábula japonesa - El samurái y su perro

Fábula japonesa - El samurái y su perro

Había una vez un samurái que solía tener la costumbre de pasear con su perro al cual tenía una gran estima.

Un día, su perro se alejó de él y jugueteaba con las hojas que caían de los árboles. Más grande fue la sorpresa del samurái, cuando de repente su perro se lanzó corriendo contra él con aire fiero y muchos deseos de morder.

El samurái, que estaba bien entrenado, desenvaino su espada y justo cuando el perro saltó le cortó la cabeza.

El samurái no entendió por qué de repente su fiel perro se puso en contra suya.

Entonces, elevó la cabeza y vio como una serpiente, que estaba en una rama, se estaba acercando peligrosamente a él. Cuando el samurái comprendió que lo que intentaba su perro era salvarle y no lastimarle, lloró amargamente.

Fue entonces cuando recordó una vieja enseñanza de su maestro:

“El sentido de una acción no siempre es fácil de interpretar. Por eso, antes de desenvainar tu espada, asegúrate que esa es tu única opción”.

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