Birol advirtió que la principal consecuencia de la guerra de Irán es que los países perderán la confianza en los combustibles fósiles y la demanda de estos se reducirá: “la percepción del riesgo y la fiabilidad cambiará. Los gobiernos revisarán sus estrategias energéticas. Se impulsarán las energías renovables, y se avanzará aún más hacia un futuro más electrificado”, afirmó. "No hay vuelta atrás tras la crisis, el jarrón ya está roto, el daño ya está hecho; será muy difícil recomponerlo. Esto tendrá consecuencias permanentes".