Sir james Oktwell, en su despacho delas islas Hébridas, no daba crédito a lo que le decían. No era la primera vez que escuchaba algo así, pero nunca había tenido que hacerse cargo personalmente. —O sea que, según usted, hay un corsario nazi por el Norte. —Sí. señor —le repondio Howard, su ayudante. —Y dice que va atacando balleneros para perjudicar nuestra economía... —Sí señor, y porque su capitán odia que se mate a las ballenas. El capitán …