La decisión el año pasado del presidente Donald Trump de cerrar la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) supuso un duro golpe para muchos países. Ponía fin, prácticamente, a la ayuda y cooperación internacional por parte de su país. Con más US$80.000 millones en 2024, Estados Unidos fue el principal donante de proyectos destinados a combatir el hambre, la pobreza y enfermedades en todo el planeta. Activistas y organismos internacionales pronosticaron que el cambio sería catastrófico.