No es té de verdad, sino pequeñas refinerías supuestamente privadas, por lo que aparentemente nadie puede meter mano en ellas, con las que China, que compra aproximadamente el 90% del crudo iraní, hace la vista gorda, ya que dejar de hacerlo les saldría muy caro. Irán sigue vendiendo, China sigue comprando y el dinero fluye hacia la Guardia Revolucionaria y las élites locales. Misión fallida para Trump: lo que debía hundir a Irán, en realidad lo está engordando.