Si no vives debajo de una piedra, te habrás enterado de la injerencia americana que ha culminado con los huesos de Maduro camino de EE. UU, y esto es una tremenda ironía.
El bolivarianismo toma su nombre de Simón Bolívar, aka «El Libertador». Si alguna vez paseas por Venezuela o Colombia, te das cuenta pronto de que no hay pueblo ni distrito sin una plaza o una estatua en su nombre.
La gracia del asunto es que Bolívar fue un agente inglés, usado por el Imperio británico para destruir el Imperio español de ultramar y Bolivar, a su vez, uso a Inglaterra para contentar sus deseos de gloria y riquezas. Más de 6000 combatientes británicos lucharon a su lado: las conocidas Legiones Británicas, Inglaterra financió la independencia, una injerencia más.
Karl Marx escribió un artículo biográfico sobre "El libertador" llamado Bolivar y Ponte en el que lo ponía a caldo; lo acusaba, entre otras cosas, de querer instaurar una dictadura: «Se proclamó Dictador y Libertador de las Provincias Occidentales de Venezuela». En una carta a su compadre Hegel lo calificó como el «canalla más cobarde, brutal y miserable».
Pues bien, unos siglos después, los descendientes de Bolívar son pagados con la misma moneda por los descendientes del imperio británico, culminando, por tanto, una fina ironía. Para que luego digan que la historia no se repite.
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Beltenebros