
Todo comenzó una noche de scroll compulsivo; Henrymparsifal, usuario veterano y buscador de infamias entre hilos cerrados, llevaba varios meses como administrador del saco cuando entró por casualidad en la dimensión renegada, un Meneaukins al revés donde la única conversación que se da gira en torno a la caída a los infiernos de lo que un día fue el mayor portal de Internet en españistán. Un lugar donde los miles de clones creados por el científico loco Martin Bar repiten al unísono como hordas de orcos: «Menéame no tiene arreglo».
Allí, entre memes pixelados y capturas sacadas de contexto, Henrymparsifal se topó con Jose el Azotamentes, entidad mítica mitad usuario antiguo mitad trauma sin cerrar, que interactuaba con audios en monólogos infinitos. No hizo falta invocación alguna. Bastó con leer tres mensajes seguidos con el Ducky Transcriber para que se abriera una brecha entre los mundos. Henrymparsifal sintió el cosquilleo del poder, la tentación de la omnisciencia, el dulce veneno de pensar «yo sé cómo debería funcionar esto». En ese instante Jose el Azotamentes lo poseyó y nació el Vecnarsifal, señor de los hilos oscuros, amo de los cierres preventivos y destructor de comentarios prometedores y a su vez, este, poseyó a los tres moderadores convirtiéndolos en Demogordos (pasando de caer bien a caer gordos).
Desde entonces, Vecnarsifal recorre la plataforma como un dios menor con complejo de administrador, usando sus poderes de God para retorcer normas, invocar avisos disciplinarios y enviar cuentas recién creadas al directorio ~/.local/share/Trash. Donde antes había un envío descartado en color gris ahora solo hay un ominoso vacío. Los hardsusers estupefactos no saben cómo actuar mientras invocan en el Nótame un conjuro ancestral: «esto antes no pasaba». Vernacsifal utiliza la debilidad de las mentes que conforman el Complejo Consubtítulos para maquillar sus malignas decisiones.
Pero toda dimensión paralela tiene su resistencia. Oncejamí, dueño legítimo y portador del poder supremo, de la razón mitocondrial y de la expresión elegante, ha notado una alteración en la Fuerza del Código. A su lado se han reunido Dustinbobi, experto en repetir hechizos cual Hodor; Charles Wheeler, estratega de hilos largos y memoria prodigiosa y Lucas Ripio, cancerbero del portal y guardián de las esencias. Juntos saben que no es fácil banear a Vecnarsifal: antes hay que devolverlo a su estado humano (es decir, usuario raso) para evitar que Meneaukins se convirtiera en un foro fantasma lleno de normas, pero sin risas.
La batalla final tendrá lugar en el Upside Down de los logs del servidor, entre líneas de PHP y ecos de flame wars pasadas. Vecnarsifal lanzará su ataque definitivo, un cierre múltiple con advertencia incluida, pero Oncejamín responderá con el conjuro más antiguo y poderoso: «transparencia y criterio». Dustinbobi conectará un cable que nadie sabía para qué servía, Charles Wheeler recordará un precedente de 2008 que sumirá a Jose el Azotamentes en la cueva de Podemos, y Lucas soltará un comentario tan certero que hasta Caradefalo Hopper lo considerará ingenioso.
Pero justo cuando todo parece encajar en el relato heroico, algo falla. El log se corta en mitad de una línea, el servidor deja de responder durante tres segundos eternos y nadie sabe si el cable de Dustinbobi estaba bien conectado o si en realidad lo ha aflojado un poco más. El conjuro de Oncejamí queda suspendido en el aire como un commit sin push y el comentario de Lucas, brillante y afilado, aparece publicado… y desaparece al refrescar.
En algún lugar del Upside Down parpadea una campana roja. Vecnarsifal sonríe, o quizá solo parpadea y con un clon publica un enlace a Tontawn. Jose el Azotamentes deja de hablar durante exactamente diez segundos, algo que no había ocurrido jamás. En Meneaukins, un hilo cerrado vuelve a abrirse solo para cerrarse otra vez sin motivo aparente. Nadie sabe si el monstruo ha sido derrotado, si ha aprendido a disimular o si simplemente ha cambiado de forma.
A la mañana siguiente todo funciona con una normalidad inquietante. Demasiado. Y mientras los usuarios vuelven a repetir «Menéame no tiene arreglo», alguien, en algún canal, escribe «todavía».
Disclaimer: este es un relato de ficción y todos los personajes han sido imaginados sin pensar en nadie en concreto. Si algún usuario se siente -errónemente- identificado y no quiere formar parte de la historia (a la que le quedan cuatro capítulos) solo tiene que indicarlo en los comentarios y será sustituido ipsofacto.
Este primer capítulo está dedicado a Macarty gran admirador de mis novelas.
plutanasio