Hace unas semanas, el canciller alemán, Friedrich Merz, sugirió que Alemania no tendrá futuro si sus trabajadores no trabajan más duro. Según explicó, al volver de un viaje a China las cosas se le aparecieron mucho más claras, lo que le llevó a la conclusión de que la prosperidad de su país no podrá garantizarse con semanas laborales de corta duración —puso el ejemplo de la semana de cuatro días— y basadas en la conciliación entre la vida personal y laboral.