Antes, esta era una ciudad de cerraduras.
Al menos cinco en cada puerta de entrada, como en una caja fuerte.
Candado de cadena.
Cerradura de cajón.
Cerradura de pomo.
Pestillo.
Pero ya nadie en Nueva York se molesta en usar tantas cerraduras. La ciudad se ha vuelto más segura. O al menos, más deshabitada. Las casas están vacías. Y ya nadie se toma la molestia de entrar a robar, porque no queda nada que robar. Todo está completamente saqueado, y cualquiera que aún viva en Manhattan y tenga algo valioso que proteger —su familia, su dignidad, su colección de cromos de béisbol— lo hace con una escopeta, no con un pestillo. El verdadero problema para un ladrón no es entrar, sino salir.
Si se aplica la fuerza suficiente, cualquier pestillo cede.
Pero las escopetas son despiadadas.
Por supuesto, los ricos siguen teniendo montones de artículos de lujo. Solo que ya no guardan esos lujos aquí afuera.
Aquí afuera solo necesitan una cama y una conexión.
Todo lo demás lo acumulan en la Limnosfera.
Y si eres rico, tan rico que puedes pasar el día entero fuera de tu cuerpo, conectarte y sumergirte en la Limnosfera, entonces probablemente vivas en algún lugar herméticamente sellado, en una torre de cristal, protegido por cerraduras de código y porteros que vigilen la calle las veinticuatro horas con escopetas apoyadas en las rodillas.
Donde desde luego no vive nadie que sea rico es aquí: una extensa, deteriorada y achaparrada urbanización como Stuyvesant Town, lo bastante cerca de la orilla como para oler el río. Unas cuantas docenas de bloques de apartamentos de ladrillo se agrupan alrededor de patios interiores donde el césped hace tiempo que está marrón y mustio. En los parques infantiles se pudren toboganes abollados, columpios torcidos que cuelgan de cadenas, balancines de hierro cubiertos de eczemas de óxido, infestados de alguna sarna repugnante de balancines. Estos bloques de apartamentos son tan acogedores como cárceles de baja seguridad, solo que aquí faltan las canchas deportivas, las vallas y los guardias que intervengan cuando alguien intenta fugarse.
Y por eso todos se han fugado.
El complejo es un pueblo fantasma.
El vestíbulo está abierto de par en par para cualquiera.
Adelante, entren sin llamar.
FEINDESLAND, de Adam Sternbergh
Traducción a medias entre Deeps Seek y yo...