He ahí las olas presurosas montañas de moléculas, cada una estúpidamente ocupada en lo suyo, separadas por trillones, y empero, formando blanca espuma al unísono. Edad tras edad antes que ojo alguno pudiera ver; año tras año golpeando atronadoras en la orilla, como ahora. ¿Para quién? ¿para qué? En un planeta muerto sin …