La felicidad no es un refugio, ni una placenta. Es un placebo con pinchos. La felicidad es una sala de tortura. ¿Por qué del temor a los dioses en las antiguas religiones hemos pasado hoy a tener miedo a todo y de todo, sin excepción? Porque hoy todo se ha divinizado, y absolutamente todo lo que nos rodea se ha convertido en una divinidad incuestionable, intocable y sagrada, a la que hay que someterse por respeto total hacia ella. Los animales son dioses, las lenguas son divinas, los pueblos son sagrados, los sentimientos son intocables, las opiniones son dogmas,...