Lamentaba Skinner en los años sesenta del siglo XX que “la tecnología capaz de formatear la conducta humana no estuviera todavía disponible”. ¡Formatear la conducta humana! Es el proyecto político de la tecnocracia que tantos escritores publicitan y promueven. Harari, por ejemplo, o, entre nosotros, Innerarity. Resulta asombroso que un proyecto de dominación, esclavitud y lobotomía masiva (que ha perfeccionado la codicia demoníaca del nacionalsocialismo) haya implementado su influencia y poder en el seno de una sociedad.
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